La Transición está de moda, otra vez. Como tópico de nuestra historia reciente, solía repetirse su recuerdo a medida que cumplía lustros y décadas. Pero esta vez ha aparecido como un fantasma en plena crisis, como un periodo cavernario donde se aposentan las causas de los males presentes, como una época en la que se cimentaron los beneficios de un régimen político considerado como el menos malo de los posibles. Vista así, la Transición democrática es todavía demasiado joven, está todavía muy cerca como para ser analizada con cierta perspectiva. Por eso resulta siempre bastante más agradable la voz narrativa que habla de ella, sobre ella, que se recrea con personajes que pudieron ser, en los que hasta es posible reconocernos a los cincuentones largos del presente porque cuando pasó todo aquello, éramos unos adolescentes a punto de empezar todo en la vida: la universidad, los amores, el trabajo, las idas y las venidas. De todo ello ha escrito el periodista Gonzalo López Alba en su primera novela publicada -porque es narrador veterano- Los años felices editada por Planeta. Conocí a este excelente periodista del Bierzo (casi somos paisanos) en una comida con Zapatero cuando este todavía no era presidente, ni se suponía que lo fuera a ser, aunque desparramaba alegrías varias en aquellos primeros años del tercer milenio en que nos creímos que casi todo era precioso, hasta políticos como ZP. López Alba lo relató muy bien desde las páginas de ABC, periódico del que fue cronista político, labor que ejerce desde hace más de treinta años. Y en su novela se nota el oficio y la experiencia de contar, con la frialdad ácida del observador y con la pasión inteligente del que fue protagonista de la fiesta y de la historia que cuenta. Una de las virtudes de Los años felices, que son muchas, es que en ella, en los orígenes y en su devenir, podemos estar todos de una u otra forma. Por eso su lectura es muy recomendable, por una proximidad vital que a veces renuncia a la ternura, a las concesiones de la nostalgia, para endurecerse en las cosas tal y como le fueron a los personajes, tres, casi nietzscheanos, por humanos, demasiado humanos. López Alba propone un rebobinado muy interesante con su novela, alejado de las modas, en una clave casi barojiana del buen hacer literario. No se pierdan Los años felices, les encantará, por entretenida y contemporánea.