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Cien líneas

Reacción

Pedro Sánchez, líder del PSOE por si aún no se habían dado cuenta, realizó ayer unas interesantes y reposadas declaraciones en Barcelona, en el Círculo de Economía, que quizá hagan historia aunque sea con la letra pequeña.

Entre otras cosas propuso replantearse los ítem progresistas en Europa. No es poco. En esa misma línea combatió el conservadurismo de izquierdas. Y reconoció que la economía española se está recuperando: el principio de realidad es el mejor antídoto contra el delirio. Comentó, en fin, que su partido debía comprender que las cosas están cambiando y se pronunció contra el pesimismo en clara alusión al hipercriticismo de Pablo Iglesias II y sus huestes.

A mí Pedro Sánchez siempre me cayó muy bien. Pero, ay, lo mismo me ocurrió con ZP y ya ven cómo acabó él. Ni les cuento cómo terminé yo.

Las cuitas de Sánchez están llenas de sentido común. Pero sospecho que su discurso llega con una segunda intención muy clara o no tan clara si es que requiere de exégeta.

Me explico. Si ZP y Bono ingresan en Podemos, como ocurrió siquiera sea virtualmente hace solo unos días, Sánchez se arrima al PP como, por otra parte, le pide todo el mundo o casi.

Elemental. A maniobra maniobra y media. En todo caso no creo que vaya en serio.

Tras las andaluzas al caer si se produce un pacto será por obra y gracia de Susana Díaz. Un tanto propio. El sello de los acuerdos entre PSOE y PP para toda España llevarán siempre su nombre.

Y después de autonómicas y locales -que castigarán a PP y PSOE, no hay duda- nada peor que acuerdos globales porque equivaldría a dejarle todo el espacio libre a Podemos que en noviembre se pondría las botas a costa de Sánchez y los suyos.

Es terrible hablar en términos de conveniencias personales cuando se trata de España. Pero así es la democracia.

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