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Al azar

El juez Castro quiere divertirse

El Einstein de la segunda mitad del siglo XX se llamaba Richard Feynman. Ya fuera participando en el desarrollo de la bomba atómica, ganando el Nobel de Física, desentrañando la mecánica cuántica, dictando clases todavía hoy magistrales, descubriendo la causa de la catástrofe del Challenger, tocando los bongos o frecuentando bares de strippers, al científico norteamericano le animaba una máxima esencial. "Quiero divertirme", proclamaba ante el estupor de burócratas que consideraban que la seriedad técnica vedaba la gaya ciencia. En la versión mallorquina de esta dilatada introducción, la mayor insolencia de José Castro es que se divierte con su trabajo. Y encima, insiste en seguir disfrutando.

La instrucción del caso Infanta finaliza con el fiscal general del PP en Baleares contestando la imputación de la hermana del Rey, por si subsistía alguna duda de que también aquí atinó Castro. Ahora bien, qué hace un juez de leyenda cuando ha concluido el trabajo que le ha otorgado una dimensión mítica. La jubilación protocolaria le permitía disolverse en el crepúsculo, como un Clint Eastwood a caballo. Sin embargo, solicita una prórroga para sus interrogatorios cuerpo a cuerpo. No ha agotado la pasión que le llevaba a derrotar físicamente a los corruptos, quiere seguir redactando autos dignos de Juan de Mairena.

El viaje de vuelta de la gloria al anonimato es el trayecto más espinoso de un personaje histórico. Castro afronta el riesgo de dilatar en exceso su permanencia en el escenario. Sin embargo, ha sido tan escurridizo para sus mortales enemigos que también sabrá gestionar su hiperactividad. No se le puede reprochar la edad, porque la mitad de jueces del Supremo estadounidense le aventajan en esa casilla. El Consejo General del PP Judicial intentará abortar la continuidad del instructor, su labor divulgadora de la gestión de crisis sería impagable en másteres y universidades. Solo hay algo que no puede ser, un juez más. Qué gran asesor se pierde Felipe VI, y en el aroma ilusorio de esta propuesta radica la difícil encrucijada de un país atrancado.

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