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Mujeres ¿normales?

Leo un artículo en el que se señala que por fin la revista Sports Illustrated ha incluido modelos de talla grande en su especial baño 2015 aunque no lo parece por la criatura élfica que aparece en la portada. Como el bañador que compré el año pasado dio de sí a las cuatro puestas, echo un ojo a la publicación a ver qué nos ofrece a las mujeres normales para cuando se vaya de una puñetera vez el temporal de frío. Craso error. Al margen de que la revista no vaya dedicada a nosotras sino a alimentar las fantasías eróticas del personal, te encuentras con que la supuesta talla grande es la de una chica que usa una 40 o una 42. Te animas porque por ahí andas tú hasta que te topas con la imagen de una valquiria rubia de curvas perfectas sin un gramo de grasa con un minúsculo bikini que jamás podrías ponerte tú a riesgo de parecer una morcilla atada con dos tiras. ¿Esto es una mujer grande? Lees que la modelo en cuestión presume de no hacer régimen y de tener una talla normal. Claro, lo malo es que tú, con la misma, no te pareces en nada a semejante pibón quizá porque nadie tiene en cuenta a la hora de venderte aquello como talla media que no es lo mismo una 42 en un gnomo de jardín de mediana edad que en una pica de metro ochenta de veintipocos años. El problema es que si te venden a esa diosa como una talla grande, ¿qué eres tú? ¿un panzer? ¿No hay manera de que podamos revisar un catálogo de bañadores sin verlos puestos en muñecas perfectas posando en la arena sobre tacones de aguja? Claro, luego vas a la tienda, te miras al espejo y, a poco que tengas un mal día, acabas por los suelos. Y lo peor no eres tú, que peinas canas y lo único que pretendes encontrar es un bañador que se seque pronto y con el que no te confundan con Shrek, sino tu hija, que para lograr ese supuesto cuerpo normal de la chica del catálogo se obliga a subsistir a base de lechuga y yogur desnatado. Y mira que yo le digo a la mía que esas mujeres no existen de verdad ni tampoco esos hombres de metro noventa y abdominales marcados que aparecen en las revistas. A ver, ¿dónde están? ¿Ustedes se han cruzado alguna vez en el súper con un ser de estos? ¿Algún compañero o compañera de trabajo tiene esa pinta? ¿Verdad que no? Pues ya está. Lo mejor que podemos hacer para no obsesionarnos con el físico es dejar de compararnos con estos entes etéreos y, a la hora de elegir un bañador, volver a los viejos catálogos de ropa que hace años recibíamos en casa en los que mujeres y hombres del montón aparecían posando en fotos con mala luz y poca gracia pero con los que podías hacerte una idea de cómo se te vería a ti en la tumbona.

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