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El periscopio

Demasiados deberes escolares

De nuevo, un informe PISA pone de manifiesto la mala costumbre que hay en los centros docentes españoles, especialmente en los de primaria y secundaria, de marcar demasiados deberes a los alumnos. En Europa nos igualan Irlanda, Polonia e Italia, con una media de seis horas, mientras que los que menos ponen tareas son Finlandia y, fuera de Europa, Corea del Sur. Curiosamente, estos dos países son los que suelen ocupar los primeros lugares en los sucesivos informes PISA donde el sistema educativo es mejor que el nuestro y apenas existe el fracaso escolar. Especialmente en Finlandia el profesorado de los primeros niveles de la enseñanza tiene una buena preparación y se realiza una minuciosa selección para comprobar si es idóneo o no para esa misión.

Sin afirmar que sea malo realizar tareas en casa, no se calibra muy bien, por parte de los directores de centros y el profesorado, o, al menos, parte de él, la cantidad y tiempo de trabajo que sus alumnos deben hacer fuera del centro, ni tampoco el daño que podrían causar en los estudiantes si esos deberes son excesivos. Tendría que haber una coordinación y un criterio razonable que evite exceso o daño a los estudiantes, y que se valore, además, su tesón en el aprendizaje de cada asignatura, haciéndoles ver que sin esfuerzo nada se consigue en este mundo.

Después de casi cuarenta años de docencia la experiencia me ha enseñado que la sobrecarga de deberes no contribuye a que haya un mayor rendimiento escolar, sino todo lo contrario. Algunos pedagogos los consideran obsoletos e irrelevantes y que es una de las causas del fracaso escolar, que, como se ha visto, es bastante alto en España. Por otro lado, la fatiga y el cansancio pueden inducir al alumno a un rechazo, sobre todo en primaria y ESO, a un sistema que le causa angustia y que a veces le esclaviza, sin tener en cuenta que también necesita jugar, relacionarse con sus amigos y tener sus ratos de ocio, e incluso leer, ya que este hábito es uno de los mejores que pueda adquirir un niño porque estimula su imaginación y amplía su léxico. Tampoco sería una mala idea que durante sus vacaciones estivales realice algún tipo de tarea que sirva para que no olvide lo que ha aprendido durante el curso y le va a servir de base para el siguiente. Pero siempre sin pasarse y sin que suponga un trauma para él o ella.

Muchos padres opinan también que sus hijos tienen bastante con estudiar las lecciones de cada día en casa y, por tanto, no se les puede atiborrar de tareas extraescolares. Por otro lado, probablemente se daría el caso de desigualdad en el caso de que los padres tengan un nivel cultural muy bajo y, por tanto, poco podrían ayudar a sus hijos, en caso de que realicen consultas sobre lo que están haciendo. Otros proponen que parte de las tareas escolares, que nadie duda que sean necesarias para comprobar el aprendizaje, se realicen en el propio colegio. En fin, creo que va a haber polémica...

Creo que ya es hora de que se sienten a la misma mesa políticos de diversos partidos, expertos pedagogos y representaciones del profesorado para que se revise nuestro sistema educativo y lo hagan más flexible y práctico, adecuando las técnicas y métodos de enseñanza para que favorezcan el aprendizaje y el rendimiento escolar y se huya de todo aquello que lo lastre y lo lleve al fracaso. Este podría ser uno de los objetivos de ese Pacto por la Educación que se venía pidiendo desde hace años para evitar que los planes salten por los aires cada vez que hay cambio de gobierno. Hoy parece improbable.

Habría que atender, además, la formación del profesorado y, en cierto modo, utilizar una criba para que puedan ejercer, pues no hay cosa peor para la enseñanza que haya docentes que no sientan vocación y no se entreguen a esta labor que es muy importante para sentar las bases de una sociedad. Deberes sí, pero como refuerzo a lo estudiado y se deberían hacer en el mismo centro, no en casa, sobrecargados de tareas.

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