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Piedra lunar

Imaginario urbano

Vivir la ciudad. Esa es la cuestión. Vivirla, pensarla, imaginarla y narrarla son los pasos de un proceso para construir su imaginario. La presentación de Las Palmas y sus imaginarios (Fundación Mapfre Guanarteme, 2014) propicia sugerencias metodológicas para intentar una aproximación a las variopintas percepciones que se pueden tener de una urbe tan plural y variada como la nuestra, como puede serlo cualquier otra. No es fácil resolver un tema tan difuso con un puñado de entrevistas volcadas en uno o dos libros que resultan ser más la opinión de especialistas sobre su propia materia que la aproximación a una visión afectiva de nuestro cobijo urbano. Porque, en definitiva, de lo que se trataría, a nuestro entender, es de construir una narración identificadora, en gran medida consensuada en una atalaya de expertos. Una vez que se ha superado con creces el estudio morfológico de nuestra urbe, las sucesivas y expansivas muñecas rusas que componen el urbanismo material (estudios históricos, tesis de planeamiento, descripción de edificios y barriadas?), llega la hora, por imperativos de la modernidad de pensamiento y de lo que podríamos llamar la semántica espacial de decir: "¿Cómo es nuestra ciudad desde el punto de vista afectivo - experiencial? ¿Cómo es la ciudad de Las Palmas en nuestra imaginación?" Pero resulta que nuestra ciudad no es de unos pocos (llamémosles intelectuales). No. Es de casi 400.000 personas que habitamos en barrios diferentes, que tenemos diversa cultura, que somos de generaciones distintas, que trabajamos o estamos en paro en sectores económicos variados. ¿Cómo lograr una cierta aproximación a unas ideas o a un imaginario cuasi común? Este es el reto. No se trata de meter la Catedral en la ermita de San Telmo. Creemos que lo aparentemente difícil se puede lograr. Primero, un equipo de expertos (arquitectos, antropólogos, sociólogos, dirigentes vecinales, psicólogos, comunicadores sociales, escritores?) con la determinación de indicadores o conceptos previos, a la vez sociales y emotivos, que tiendan a la construcción mental de la ciudad (espacios, olores, playa, mar, canciones, costumbres populares, turismo, ritos, historia, ocio, instituciones, fiestas, participación ciudadana?). Un prototipo de encuesta abierta y la lectura de sus resultados. Finalmente, una narración, un discurso sintetizador. Acaso tendríamos un espejo en el que reconocernos. Lo que ahora apuntamos podría ser uno de los caminos para no quedarnos sólo en fragmentos útiles, pero con limitado sentido.

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