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Reflexión

No dejes de soñar...

No es la primera vez que se lo oigo. No era la primera vez que oía a Basilio Labrador pronunciar esas palabras. Sin embargo, me sonaron especialmente bien, especialmente convincentes.

"Mi padre me enseñó a soñar" dijo en público el atleta. Fue en la tarde del viernes 6 de febrero de 2015, una fecha que -según confesó- quedará grabada para él. Ese fue el día en el que el Ayuntamiento, el pueblo de Los Realejos, lo distinguió y colocó su nombre en el Pabellón Deportivo al que tanto esfuerzo y trabajo ha dedicado.

Basilio Labrador estaba esa tarde rodeado de una amplia representación institucional de la Corporación Municipal, del Cabildo de la Isla y del Gobierno de Canarias. Se reconocía así, de manera oficial y en vida, los méritos de un deportista excepcional. De un atleta con una trayectoria cargada de medallas, reconocimientos y victorias.

Pero no me pareció un simple acto institucional. Había mucha gente, muchas personas de diferentes edades, que estaban porque querían -porque queríamos estar- presentes y acompañándolo en unos momentos que sabíamos que eran muy importantes para él. "Mi mayor patrimonio es mi nombre y mi apellido", comentó. Para la inmensa mayoría de personas que estábamos allí, una parte de nuestro mejor patrimonio es haber conocido a Basilio Labrador.

De su carrera deportiva admiro, claro, los logros alcanzados en una disciplina atlética que siempre se me ha antojado diseñada para personas escogidas. Diecinueve veces internacional, quinto lugar del mundo, cuarto de Europa, y decenas de méritos en su historial. Esfuerzo y sacrificio han impregnado su carrera profesional. Bondad, generosidad y humildad rezuma su vida y sus relaciones personales.

He tenido el privilegio de conocer un deportista laureado, que nacido en el Valle de la Orotava eclosionó junto a Jordi Llopart entrenando en Las Cañadas del Teide. He visto su faceta de entrenador de otros deportistas, especialmente de veteranos y veteranas. Y he tenido la suerte de recibir sus consejos. Ha sido un hombre que me ha animado, que me ha convencido que yo también podía; que hizo desaparecer complejos y excusas. Que me ha enseñado la necesaria sensatez para la práctica de la actividad física. La bondad de los retos; el trabajo complementario. Me ha enseñado que la cabeza siempre manda sobre el cuerpo, y que hay que saber disfrutar de nuestros propios retos.

Es capaz de diseñar una es-trategia para cada persona que entrena. Sabe cuáles son los límites y las capacidades de ca- da una o de cada uno. Marca objetivos; supervisa tiempo y estilos. Y ejerce la autoridad. Esa autoridad rotunda que nace del reconocimiento de los demás; de quienes le admiramos y respetamos.

El viernes 6 de febrero de 2015, cuando se descubrió la placa que lucirá en las paredes del Pabellón de Deportes de Los Realejos, Basilio Labrador estaba feliz. Como también lo estaba su familia, sus entrenadores, los atletas presentes o sus patrocinadores. Y felices estábamos quienes lo admiramos.

Un lujo para nosotras saber que está cerca. ¡Gracias Basilio! Y sigue haciéndonos soñar.

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