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Apuntes

El 'efecto Monedero', un clásico español

Suele haber bastante consenso, incluso entre los propios universitarios, eso sí, de boca para afuera, en que la Universidad española es una batidora de egos, soberbias y ambiciones sin freno. Por la propia composición del claustro, que es quien elige a los rectores y al equipo de gobierno -secuestrados durante el mandato- la elección es intrínsecamente una componenda. El voto pocas veces se sustenta en un compromiso para arreglar las cosas, implantar la transparencia y buscar la excelencia acabando con las trampas tan habituales de una maquinaria endogámica en la que proliferan los reinos de taifas. Es, sin duda, el paraíso de la mediocridad. Una gigantesca madeja de intereses creados y en creación. Nada vale un buen currículum frente a una buena puñalada trapera y a un buen padrino. Todos los que hayan tenido la oportunidad de estar en un Consejo Social habrán aprendido, si han estado atentos, de qué va la cosa, y cómo lo único que no se encuentra dentro de la autonomía universitaria, tantas veces dicha en vano, es el altruismo, la igualdad de oportunidades y el premio a los mejores. Los departamentos son ámbitos cerrados que, por sucesivos casamientos internos, degeneran en destructiva hemofilia; y poca vergüenza. Las plazas tienen nombre de antemano, los tribunales se amañan y son un peloteo de favores entre sectas. Al final el resultado es un desastre: los centros españoles están a la cola de Europa y de los países comparables.

El grupo de politólogos que diseñó Podemos, más que con procedimientos de ensayo científico con la experiencia en la izquierda comunista y de los movimientos chavistas, es un genuino producto de los bastiones tribales de la academia. Ellos se lo guisan, ellos se lo comen. Se colocan con el clásico sistema del chalaneo.

Los problemas que han tenido Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero no son tanto problemas fiscales como de ética universitaria. Utilizar la universidad para procurarse ingresos extra que rompan la incompatibilidad docente e investigadora es un vicio muy extendido, porque, en esencia, esta vía para combinar la teoría y la práctica no se utiliza con una finalidad investigadora sino, en la mayor parte de los casos, con una mera función de hacer caja, y de competir deslealmente con los titulados de la calle. Además, la actividad externa efectuada desde dentro tiene una serie de condicionamientos: tiene que ser autorizada y ha de proporcionar a la universidad una parte de los beneficios.

Hace unas semanas volvió a plantearse en la ULPGC la cuestión del control de asistencia de los profesores, un asunto que ya era prioritario hace veinte años, y que no se ha arreglado a pesar de las advertencias de los órganos de control externo. ¿Implantar una tarjeta magnética? ¡Vade retro, Satanás! Se ha llegado a aceptar como válido que sean alumnos los que apunten las asistencias de los docentes. Qué tierno...

En ese ambiente de relajo y anarquía proliferan las sociedades instrumentales para blanquear los beneficios obtenidos mediante el simple puenteo de las normas. Errejón incumplió una incompatibilidad manifiesta. No estaba donde tenía que estar. El trabajo por el que consiguió una beca no era un estudio no presencial vía UNED. Pablo Iglesias y Monedero han realizado informes de consultoría para gobiernos u organizaciones extranjeras sin conocimiento cabal de los órganos universitarios competentes y sin pago de tasas. Esto es lo grave: el comportamiento del núcleo duro de Podemos, que propugna un cambio radical en España, para acabar con los vicios de la casta, se comporta como una casta de pura cepa en el fortín universitario.

Quieren cambiar España, y eso está muy bien, es muy moral y muy edificante, porque son notorias las disfunciones por décadas de inercia y de deriva hacia la rompiente de la incompetencia y corrupción. Pero ¿cuál es el cambio que proponen para la Universidad española más allá de la retórica del ataque y el adanismo que utiliza muchas palabras elegidas para significar nada? La universidad española cría monstruos y charlatanes de todas las ideologías, desde las más extremistas de derecha a las más extremistas de izquierda, unidas por fuertes lazos de consanguinidad y mediocridad. Es verdad que también hay genios; son genios valiosos porque han sobrevivido en la poceta de los escualos. Son fáciles de identificar, por la sensatez, la humildad y el conocimiento con que hablan.

Ninguno de los científicos y profesores de reconocido prestigio que conozco pregona a gritos e insultos sus hazañas, ni presume de haber llevado a pueblos enteros al hambre y la ruina. Hay ilustres médicos españoles famosos por sus descubrimientos. Ninguno saca pecho por haber aconsejado a equipos que tienen el mayor número de fallecimientos y fracasos de la historia clínica.

(tristan@epi.es)

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