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Dos veces breve

Cristina sí que sabe

Aunque sea deplorable, hay que admitir al arte de algunos altos políticos para la supervivencia, su instinto para hallar la salida en las situaciones más apuradas. La gestión del caso Nisman por la presidenta argentina es para quitarse el sombrero: primero se apunta al clamor popular de que la muerte del fiscal no fue un suicidio, sino un asesinato, pero con la variante de que el crimen fue urdido para echarle a ella el muerto, y por los mismos que, con engaños, habían puesto al fiscal en su contra. Luego, cuando todo apunta a los servicios secretos, Cristina los disuelve de un plumazo y anuncia la creación de otra agencia de espionaje. Un cambio de gorra: como un espía no se hace en cuatro días, los que había, purgando a alguno, pasarán a esa agencia. En el fondo la gente sabe que es todo un ardid, pero mientras el ardid también cotice en urna, miel sobre hojuelas.

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