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El análisis

A peor va la mejoría

El viernes 30 de enero, el Consejo de Ministros aprobó el decreto que salió publicado en el BOE del 2 de febrero, por el que se establece la nueva ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, que en resumidas cuentas lo que se pretende es que los grados (antiguas licenciaturas) de muchas carreras se reduzcan los años de permanencia de los alumnos en la Universidad, concretamente del cuatro como venía sucediendo desde que se aplicó el Plan Bolonia en todas las universidades españolas a tres años. Al mismo tiempo, también establece el incremento de un año más para los másteres que se deben hacer para las especializaciones.

Los argumentos esgrimidos por el gobierno y su ministro de educación el Sr. Wert, señalan que esa medida se toma "para beneficiar a las familias españolas", porque se van a ahorrar un año de gasto del hijo que estudia una carrera.

Pero claro, como siempre decimos, las verdades a medias se caen solas, puesto que si bien es cierto que un año menos supone un ahorro, pero resulta que la formación para la obtención del título de grado se pasa de estudiar de los 240 créditos actuales, a 180 que se pretende con el nuevo RD 45/2015, lo que supone disminuir los contenidos y cursos, haciendo los grados más generalistas tal y como señala la norma, obligando a todos los alumnos a tener que hacer un máster, si realmente quiere especializarse o sobresalir en alguna carrera determinada, o simplemente aumentar el currículum personal para intentar acceder a un puesto de trabajo con mejor cualificación.

El Sr. Ministro de Educación cuando quiere defender en público esta medida, además añade que es una ventaja para los jóvenes, ya que pueden acceder antes al mundo laboral. Yo sinceramente pienso que hay políticos que viven en otra galaxia distinta a la nuestra, que no ven lo que está sucediendo en la calle a las personas de este país, la "movilidad exterior" como decía la ministra de Trabajo y Asuntos Sociales, alto índice de jóvenes en paro, abandono temprano, etc.

Además para mayor inri, la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) se le planta al ministro y le dicen que no van a implantar ese RD 45/2015 para el próximo curso, que lo ejecutarán a partir de 2017, proponiendo un modelo flexible, puesto que lo ven muy precipitado, y que tienen que hacer un análisis del nuevo modelo, puesto que tendrá consecuencias de incremento de tasas y posibles pérdidas de empleo en cuerpo de los docentes universitario.

Por otro lado, la mayoría de las Comunidades Autónomas, acuerdan aplazar el cumplimiento de ese Real Decreto, puesto que la decisión de la CRUE no tiene un carácter vinculante, puesto que las autonomías son las que tienen las competencias en ese apartado y además son las que aportan el dinero para sus presupuestos.

Cierto es que Cataluña es la comunidad que desde el principio manifestó estar de acuerdo con este RD 45/2015, aunque plantea que los costes del máster sean iguales que los de grados, cosa que en la actualidad no ocurre así. La realidad es que los costes de los másteres son casi el doble o en algunos casos el triple de lo que se paga por la realización de los grados y por eso digo, que no es oro todo lo que reluce, y que la verdad es muy distinta a como nos la pintan, intentando dar apariencia de beneficio común, cuando la realidad es que están intentando buscar como aportar menos dinero a cualquier actividad o servicio que el estado esté ofreciendo a los ciudadanos, para así disminuir el famoso déficit presupuestario de Estado.

Pronosticamos por sus actuaciones, tormentas perfectas o ciclogénesis orogénica en el mundo universitario público, con esta normativa y otras que la acompañarán, además de lo que han estado viviendo en estos últimos años, puesto que esto, no ha hecho sino continuar el proceso de ajustes que llevan realizando en este ámbito, en donde ya se habían estado haciendo de forma solapada, suprimiendo financiación para investigación, cursos, disminuyendo las plantillas, y otras cuestiones que eran fundamentales para el proceso de innovación y reciclaje que requiere nuestra Universidad, pero que a partir de ahora, tendremos que esperar a ver cómo funciona a expensas de las decisiones de los poderes políticos.

La universidad requiere una auténtica reforma en todos los sentidos, para que de una vez consigan estar a la altura de las nuevas exigencias que les deparan a sus estudiantes cuando salen a buscar un trabajo en el ámbito laboral y les indican que tienen que cambiar el chip, que lo aprendido ayuda, pero que ahora viene la realidad y para eso no están preparados. Siguen anclados en un sistema que solo da títulos, pero que no potencia ni la creatividad, ni las habilidades, ni la imaginación que nos ayuden a encontrar nuevas salidas a este desastroso panorama actual. No es un milagro lo que se pide, es una nueva forma de concebir la educación en todos sus ámbitos y la Universidad es vital para ello. Está claro que la solución no está en la disminución de los años de estudio, sino en que tengamos a los más cualificados trabajando en ese mundo Universitario, reciclándose permanentemente para que los alumnos y la sociedad, se beneficien y podamos ver la luz al final del túnel.

(*) Asesor-gestor educativo

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