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El Mencey esotérico

El Mencey Menguante, Paulino Rivero, ha iniciado una curiosa cruzada publicitaria desplazándose a países de lejos para llamar la atención a los potenciales guiris sobre las ventajas que tiene para él una Canarias sin petróleo, algo que es de lejos la promoción más original, y menos hidrocarbúrica, emprendida por un ente vivo desde que Adán se convirtió en turista forzoso tras ser expulsado por glotón del paraíso.

Ayer lo hizo Paulino en Polonia, que a Polonia fue Paulino, presentando el hecho de que no exista petróleo en nuestros mares, textualmente, como "un éxito del pueblo canario".

Vaya por delante que si llega a existir gasolina en el fondo de la marea no nos iba a sacar de pobres, ni muchísimo menos, pero de ahí a otorgarnos el mérito como isleños que somos de que no exista una miga de alquitrán, amigo mío, va un trecho largo.

El petróleo, como es conocido de viejo por la comunidad científica es un mejunje ruin, cochino, apestoso y asqueroso que va cuajando él solito sin que nadie le pregunte y a medida que se macera bajo en los infiernos según se van pudriendo los restos de plantas y bichos muertos durante tongas de miles de años.

Vamos, que lo último que usted querría es ponerse a hacer una taza de petróleo con magdalenas. Y por tanto, no es obra o no de un canario. El canario en este aspecto es totalmente inocente. Él no fue. Es más, el Señor Nuestro Pastor nunca dijo canario, levántate y haz petróleo.

Pero el Mencey comprende en su jotero tino sauzaleño que la oposición de los muchos atlantes que se expresaron en contra, más su labor de él mismo en su persona, digamos, disolvió telepáticamente los posibles depósitos de hidrocarburos hasta el punto que la gran falúa con tubos que fue allí a comprobar el asunto no dio con ellos.

Esto, tanto por telúrico como por esotérico, resulta totalmente inexacto. Ahora bien, lo que es el concepto básico no tanto, porque la acción gubernamental sí que nos ha llevado a otros fenomenales hitos de dimensiones geológicas que bien podrían haberse ayer difundido en Polonia sin que Paulino tuviera que engañar a estos pobres polacos.

Podría haber hablado, por ejemplo de una maravillosa Canarias sin empleo, y aliñar el mensaje con la bucólica imagen de un mundo subtropical en el que los indígenas hacemos cola en la oficina del paro bajo un clima buenísimo y mar en calma y así atinar en toda la diana.

Pero se ve que no pudo ser.

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