Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Calafateando

En política, ¿qué nivel ético exigimos?

La práctica política ha devenido en una especie de simulación, doblez, mentira, y cuanto más profundizan en tales mañas quienes dicen representarnos, poniendo caras de circunstancias, más creíbles nos parecen. Yo nunca estoy al otro lado de nada, incluso de esa nada poliédrica o negadora absoluta de la cosa, por lo que soy de los que piensan que todo grancanario al tanto de lo que pasa tiene concentrado en un pequeño grano de sal el sentimiento de que es ninguneado sistemáticamente por los sucesivos gobiernos autonómicos, siempre del mismo signo va para treinta años. Es innumerable la cantidad de ejemplos que pudiera traer aquí en favor de la teoría, pero me basta uno solo: la nueva Ley de Rehabilitación y Renovación Turística que consolida la supremacía de Tenerife en la modalidad de hoteles de cuatro estrellas impidiéndole a Gran Canaria levantar uno solo de ellos. Esta ley, que sacraliza la ventaja tinerfeña en la oferta hotelera más solicitada por los turistas (y no me vengan con que son complejos insularistas), fue aprobada por CC y PSC con un único voto en contra: el de la diputada María del Mar Julios (CC por GC), gesto que le honra: no pudo dar su voto a algo que iba en perjuicio del interés de su isla. A los miembros del PSC, más pendientes de libar en el pesebre nada les importó, quedando claro que si Gran Canaria lidera el ranking del paro juvenil regional, es cosa baladí que no va con ellos.

Este insignificante comentarista es nada sospechoso de comulgar con las prácticas y los intereses de los grandes empresarios, pero ello no es óbice para reconocerles que son el motor de la economía, dando trabajo y bienestar a las familias. Algo sí es reprochable: que aprovechando la reforma laboral del PP den sueldos de miseria. La aprobación de la ley turística montó en pie de guerra a los empresarios grancanarios, arrancando del presidente Paulino Rivero el compromiso de que en septiembre de 2014 reformaría la traba que impide los cuatro estrellas de nueva planta. Pasó el tiempo y mutis por el foro. Y ahí está, inamovible, porque una vez que no repetirá, a él qué más le da: el que venga que lo resuelva. Pero el que viene (seguro presidente del Gobierno canario, en esto no hay duda ninguna dado el actual sistema electoral) está señalado por el magistrado Pamparacuatro. En LA PROVINCIA / DLP del 1 de febrero aparece una viñeta de humor firmada por Padylla, muy expresiva: con el encabezado "Apadrina a un imputado canario" se ven las caricaturas de Casimiro Curbelo (PSC) presidente del Cabildo de La Gomera; Fernando Clavijo (CC) alcalde de La Laguna y candidato a presidente de Canarias, y Águeda Montelongo (presidenta PP Fuerteventura), "que ya han sido apadrinados por sus partidos". El problema de base es qué nivel de exigencia ética y buenas prácticas es el que demandaremos los canarios en las próximas elecciones municipales y autonómicas de quienes quieren representarnos.

Nuestros lejanos peñascos atlánticos ¿no merecen otra cosa? En esos tres partidos, ¿no hay nadie que pueda representar con normalidad, íntegros y sin ninguna sombra de duda a sus paisanos que creen en las siglas que los avalan, votándolas, y que sean capaces de ilusionar para una gestión de cuatro años? Con Clavijo presidente in péctore (deseable que antes se despejara su imputación), nada cambiará en CC y seguirá gobernando para su Isla como hasta ahora; y desde las filas del PP cabildicio, oportuno, se recrimina al Parlamento canario por los desequilibrios sistemáticos a favor de Tenerife: la consigna es barrer lo que pueden para su casa. Instalado en otra deriva digo que el PSOE, del que salí hace una década, ya no es el mismo: ha perdido su brújula. Empezó el desencanto en los últimos mandatos de Felipe González con los casos de corrupción y acabó del todo la confianza con el segundo y último de Zapatero plegándose a Merkel y a los mandatos de la Trioka en detrimento del grueso de su masa de votantes naturales que le había repetido aquel "Zapatero, no nos falles" Esa masa que dejó tirada en la cuneta está ahora en Podemos. Con un PSOE renovado persiste igual tendencia: la revisión de la Constitución, artículo 135, que antepone a todo el pago de los intereses de la deuda suscrito por PP/PSOE, y ahora la foto de Rajoy/Pedro Sánchez firmando en solitario la Ley contra el terrorismo de la Yihad islámica, con la advertencia del último que de llegar a Moncloa quitará lo que acaba de aceptar sobre la encubierta cadena perpetua. Su bisoñez sorprende salvo que ello sea el preludio de futuros gobiernos PP/PSOE. Si no es así, ¿qué razón de peso hay que justifique esa puesta en escena y regalar la instantánea al PP, humillante para al PSOE? Para despropósitos, ¿no basta con lo hecho por ZP?

Compartir el artículo

stats