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Javier Durán

Desviaciones

Javier Durán

Periodista

Don gato

La puesta en marcha por el Ayuntamiento capitalino de un programa protector para las colonias de gatos que deambulan por la ciudad, detectadas, catalogadas y clasificadas, me ha llenado de orgullo al ver la capacidad de bonhomía de nuestros gestores municipales. He sentido una satisfacción mediana al constatar que están en sintonía con la señora que todas las mañanas se acerca hasta el paseo de la Avenida Marítima (enfrente del edificio de la Audiencia), donde abre un carro de la compra y empieza a repartir la ración a unos mininos desesperados. Según el proyecto de la Corporación, la mujer se incorporará a un grupo de cuidadores oficiales que recibirán un carné para acreditarse, y que velarán por la salud de unos animales que serán esterilizados para evitar el descontrol de las colonias urbanas.

Ha sido la victoria de don gato, que se ha abierto camino entre las procelosas aguas de la burocracia, con un aprovechamiento óptimo de la coyuntura electoral, donde los candidatos, pese a estar pendientes de confirmar, se abren a acciones humanitarias, animalistas. ¡Bien por don gato! Deja de ser un clandestino, amén de conseguir, parece ser, condiciones para tener su pelo limpio, la barriga llena y ciertos beneficios que antes no le eran tan accesibles, como es tener su salud vigilada por un veterinario, digamos que una especie de sanidad universal. Don gato, pues, no va a estar tan solo en el planeta ni va a tener como espacio único para desenvolverse las cuevas de las rocas del frente marítimo de Las Palmas de Gran Canaria, que no es el único lugar donde las colonias han arraigado al albur de la colaboración vecinal y una reproducción disparada.

A mí el plan me parece magnífico. Se ha optado por incorporar el control antes de que miles de don gatos acaben haciéndose con los barrios. Quizás pueda llegar el día en que formen asociaciones vecinales, nombren representantes y acaben instalados en lustrosas poltronas. Así es la democracia, el ideal de la representación plural, y hasta podría ser que demuestren una mayor sabiduría que el humano a la hora de aplicarse en la gestión de los asuntos sociales, donde a veces la sensibilidad del representante de carne y hueso, composición estirada del ADN, no soportaría una confrontación con este mamífero. Y miren que estos vagabundos, buscavidas, tienen fama de egoístas y de coger la maleta desde el momento en que vislumbran algo mejor que lo que tienen. Son malos para alcanzar el apego.

¡Bien por la ciudad ideal! Pero viene otro asunto. Esto de los mininos y su nuevo estatus social lo he consultado con amigos, y más o menos la esencia de sus respuestas está en lo escrito. Sin embargo, hay otra cuestión que les llevó a manifestarse con cautela: están todos los individuos de esta urbe con las espaldas bien cubiertas, y como consecuencia de ello nos vamos a poner a atender las necesidades de los gatos. Y la situación que dio alas a la duda no fue otra que la muerte de dos ancianos en una casa del Puerto bajo la sospecha de sufrir carencias, extremo aún no certificado legalmente. La persona que me interpeló con el hecho, que lo calificó de vergonzoso y de absolutamente dantesco, lo planteo así: "Nos dedicamos a hacer un censo de gatos, a cuidar por sus comidas y salud, y no tenemos a trabajadores que se dediquen a velar por uno vecinos que viven solos, que están impedidos, que están sumidos en la tristeza por no poder salir de sus viviendas con escaleras".

No supe qué decirle, pero reconocí de inmediato que lo dicho agrietó el orgullo de ciudad moderna que me había provocado el programa municipal dedicado a los gatos callejeros. Y empecé a analizar: ¿Qué profesional tenía tanta ascendencia ante el equipo de gobierno para lograr la hazaña de un minuto de gloria para los mininos? ¿Qué vecino había logrado una entrevista para recomendar el proyecto y solicitar el amparo municipal? ¿O qué miembro del equipo político está tan inmerso en la protección de estos mamíferos que asumió el programa para llevarlo adelante contra viento y marea? En fin, se trata de saber dónde y cuándo está la prioridad. Por ejemplo, ahora la campaña con los gatos constituye un tema number one. Tampoco sé si hay uno o dos barrios afectados por una invasión de estos animales, y existe por tanto un cálculo de traducción en votos.

Ante la inquietud que sembraba la discriminación positiva con los animales, opté por llevarlo a un pensamiento un tanto desquiciado. Lo mismo el resultado de este proyecto minino, una vez puesto en marcha, nos sirva para ver qué gratificante viene a ser la atención a los dependientes, a los que se las ven y se las desean todos los días para salir de sus camas, a las familias que luchan por atender a sus enfermos bajo la dura vara de compatibilizarlo con sus trabajos, a los que viven desalmados en su casa a la espera de una asistencia... Quizás la nueva vida de los gatos nos lleve a cargarnos de energía para estas personas tan necesitadas.

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