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Papel vegetal

Todos endeudados

Lo que sucede en España, lo que acontece en Portugal y, a fortiori, en Grecia es un ejemplo perfecto de lo que denuncia y tan bien explica el sociólogo y filósofo Maurizio Lazzarato en su ensayo La fábrica del hombre endeudado (*).

La deuda, tanto la privada como la pública, no es una amenaza para la economía capitalista sino que está en el corazón mismo del proyecto neoliberal: representa un perverso mecanismo de gobierno destinado a culpabilizar y controlar a pueblos y a individuos. Como estamos viendo desde el comienzo de eso que llamamos crisis, la economía de la deuda impone el poder de los accionistas sobre los otros actores y los convierte así en beneficiarios únicos del aumento de productividad de las empresas. El régimen neoliberal busca cada vez más transformar al asalariado en empresario de sí mismo, eso que llaman ahora "emprendedor", le obliga a responsabilizarse de su propio fracaso, a asumir costos y riesgos que antes soportaban las empresas y el Estado. La nueva alianza entre política financiera y monetaria, con la complicidad de bancos, inversores institucionales, empresarios y gobiernos se ha fijado como objetivo atacar la lógica del Estado benefactor. El poder soberano de los Estados se ve menguado por la intervención de agencias calificadoras que no pueden considerarse evaluadores independientes pues forman parte integrante del bloque acreedor y que deciden sobre la prima de riesgo de un país y obligan a aplicar las políticas económicas y sociales que dictan los mercados. De esa forma se reducen gastos sociales e impuestos en beneficio de la rentabilidad del capital, se profundizan los déficits causados por las nuevas políticas antisociales y esos mismos déficits se convierten en nuevas fuentes de ingresos para los acreedores -bancos y fondos de inversión-, que compran títulos de la deuda de los países en dificultades. Lo que eran antes derechos sociales se convierten en deudas sociales, que el Estado neoliberal transforma a su vez en deudas privadas. Frente a los derechos colectivos del anterior Estado benefactor están ahora los créditos y los seguros que suscriben los individuos. La economía de la deuda tiene como objetivo político neutralizar no sólo los comportamientos colectivos anteriores como la solidaridad, la mutualización del riesgo, los derechos para todos, sino incluso la memoria misma de las luchas del pasado por conquistarlos.

La política neoliberal de austeridad pasa por la restricción de los derechos sociales - seguro de desempleo, jubilación, la sanidad- para construir así al hombre endeudado, al que controlar mejor desde el poder, inscribiendo en su cuerpo y en su mente un sentimiento de culpa y de mala conciencia que le haga mucho más maleable. La exigencia de reembolso de lo que debe no se traducirá muchas veces en moneda contante y sonante sino en los esfuerzos que habrá de hacer el deudor para maximizar su empleabilidad, mostrándose dispuesto a trabajar en lo que sea y por lo que sea. Como hemos visto ya entre nosotros, el Estado comienza a sospechar de todos, y de modo especial de los desempleados y los más pobres, a los que se investiga por si hacen trampas y tratan de vivir a costa de los demás. La deuda, resume el autor, es una relación de poder universal porque incluye a todo el mundo, ya sea a título individual o a través del Estado del que es ciudadano ý que compromete no sólo a esta sino también a futuras generaciones.

(*) La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal. Amorrortu editores

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