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El sueño del artista

Una vez tuvo un sueño: ser profeta en su tierra, y el sueño se cumplió. El maestro Martín Chirino, al fin tiene su museo en uno de los sitios más emblemáticos de su ciudad: el Castillo de La Luz, que a su vez representa gran parte de la historia de las Palmas de Gran Canaria. Mártin, con acento en la a, como sus amigos le llamamos, posiblemente, sin posiblemente, es el artista canario más internacional. Esto no es una opinión fruto de una intensa amistad, es, simplemente, una descripción de la realidad.

Gran Canaria no le debe nada, ni él a Gran Canaria, pero desde su humildad está agradecido por ser canario. El centro de pensamiento que instauró en su día y que dio el periodo de mayor gloria del Centro Canario de Arte Moderno CAAM, volverá a resurgir con mayor brío, si cabe, desde su fundación.

La cultura de su ciudad y de su isla es su mayor preocupación. Con la sabiduría que le da la madurez serena desde su atalaya privilegiada de sus espléndidos noventa años, el maestro esboza las claves de lo que deben ser las líneas maestras de la política cultural que se debe realizar desde nuestra comunidad autónoma para que de una vez por todas seamos centro y no periferia de los círculos de creación internacionales.

Gran conversador ilustrado donde los haya, expresa en sus obras la realidad que le rodea, impulsándola hacia el espacio donde fluyen sus obras que se proyectan en el infinito de sus espirales eternas.

Amigo fiel a sí mismo que siempre tiene la palabra justa para despejar horizontes de mentes estrechas.

El proyecto de su museo es un legado que las generaciones futuras podrán disfrutar junto a la iniciativa que, aunque figura en un segundo plano, va a ser la piedra de toque de cómo cocinar las ideas que sirvan para sentar las bases del pensamiento que siempre estuvo presente en toda su obra.

Querido maestro, recibe desde estas líneas el reconocimiento de tantos y tantos canarios con mayúscula que están eternamente agradecidos a tu generosidad, tan bien interpretada desde el ayuntamiento para que el museo tan ansiado haya podido convertirse en realidad.

El camino misterioso del maestro Chirino va hacia el interior. Es en él, y no en otra parte, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro. Él vive y trabaja, en cada momento, como si tuviera la eternidad ante sí. Su obra en sí misma es una imagen de lo eterno.

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