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Arte 'Paisaje interior'

Juan Guerra y la poética de la piedra

El pintor grancanario Juan Guerra es un singular paisajista de la piedra. Sus composiciones desarrollan una poética nucleada en formas líticas, rocas o montañas desnudas del manto vegetal y exentas de implementos amables. La dureza, la rugosidad del material y la angulosa aspereza de los picos destacan como objeto central de la mirada, sin otra concesión que la del instintivo equilibrio de los volúmenes, de clara inspiración clasicista.

El pincel combina la finura del detalle con la libertad de la mancha. Es una plástica muy trabajada y minuciosa, que, sin embargo, proyecta el aliento de los grandes espacios sea cual sea el formato. Una cordillera recortada contra el azul del cielo es tan sugeridora como el plano saturado de piedra. En la diversidad de un color sensible a la cambiante iluminación del entorno -diurna, declinante o derramada en los rojos del ocaso- expresa el pintor sus cargas emotivas, el reflejo psíquico de la grandeza del medio y de su infinita soledad.

Citar la mirada es engañoso, salvo entendida como mirada interior. Juan Guerra no pinta del natural ni busca en él motivación inmediata. Su experiencia de observador caminante se acumula en un depósito de formas de apariencia realista, más imaginadas que figurativas en el momento de la plasmación pictórica. El inventa el paisaje sin alusiones referenciales, pero tampoco contra ellas. Es un procedimiento similar al de un Bartok en la música, cuando sobrepone el folclore imaginario al de la tradición y crea nuevas categorías a la vez literales y diferentes. Estos paisajes, sonoros o visuales, persiguen un logos noético, algo que va más allá del objeto en el propósito de interpretarlo como subjetividad pura, no suplantadora sino ambiciosa de una cierta sublimación.

En el resultado sobresalen las atmósferas, conseguidas por la sutileza del color y el flou que metaforiza el detallismo de los motivos. Los referentes clásicos testimonian una completa cultura del género paisajístico y una técnica muy desarrollada de los planos compositivos. La ilusión de distancia complementa la dialéctica de la soledad, el misterio es la cara oculta del sosiego aparente y la fijación monotemática no estorba la diversidad del tratamiento. La voz personal del artista está en las figuraciones poéticas y propaga sensaciones, emociones, interpretaciones ensoñadoras en la textual realidad de la piedra.

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