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A la intemperie

La realidad como delirio

A veces te encuentras en el sofá de casa, leyendo algo atroz o sublime mientras tu hijo, en la cocina, tras abrir la nevera, se queda observando filosóficamente su contenido a la misteriosa luz inmaculada que sale de su fondo. Te encuentras, decíamos, leyendo algo atroz o sublime mientras a tres o cuatro metros el gato escarba en el cajón de la arena para hacer sus necesidades; mientras de la casa de los vecinos llegan las voces de una bronca; mientras afuera llueve y un mirlo se estrella contra los cristales del ventanal, que habíamos limpiado ayer. Y en la cabeza de uno cabe todo eso y más, como si el encéfalo fuera un aspirador de última generación, un robot capaz de registrar y almacenar los hechos y las emociones más dispares que imaginar podamos.

Lo pensaba mientras leía la novela Que todo sea como nunca fue, de Joachim Meyerhoff (Seix Barral), donde se narra la vida de un niño que nace en un manicomio del que su padre es el director. Un niño que se instala, pues, en la extrañeza desde que abre los ojos y que en ocasiones encuentra más lógica en lo inaudito que en lo estereotipado. Y es que su familia, quizá por ser profundamente del montón, por eso mismo, resulta violentamente anormal. Cuenta el libro la historia de ese niño y de ese adolescente y de ese adulto a base de una serie de escenas, yuxtapuestas con una sabiduría tal que parecen cuadros shakesperianos en los se representan los grandes asuntos de la existencia: el amor, los celos, la ambición, la incertidumbre, los deseos?

Hay en las páginas de este curioso título momentos de mucha alegría y momentos de mucha lástima y momentos en los que uno abandona la novela sobre el brazo del sofá y se queda mirando al vacío, dándole vueltas a lo raro que es todo eso que ocurre de forma simultánea en la realidad y en la cabeza: el niño que crece entre locos, el ruido del motor de la nevera que tu hijo acaba de abrir, el sonido de la arena en el cajón del gato, las voces de la casa de al lado, la lluvia, el mirlo? El mundo adquiere de súbito una relevancia especial, como si te encontraras atrapado en un delirio y no en una escena de la vida cotidiana. Y todo lo ha disparado la lectura de una nove-la que discurre en una ciudad alemana en la que jamás has estado.

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