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Mirada crítica

Acertada sentencia del Tribunal de Luxemburgo

Es lógico que la reacción de la Asamblea de Estibadores manifieste su malestar por la Sentencia del Tribunal de Luxemburgo, "la cual deberá poner las cosas en su sitio", debido a la desorganización, exceso de salarios altos, no trabajar los sábados y domingos, y otros caprichos únicos acumulados en un sector afortunado que ningún otro colectivo tiene, como es el del "empleo de estibador".

Reconozco que por parte de los estibadores es lógico que defiendan su empleo con todas las ventajas que se les han ido concediendo, permitiéndolo las sucesivas Autoridades Portuarias y Empresarios desde 1993, unos por no crearse problemas; otros, tal vez, por no creerlo oportuno y otros, porque, al fin y al cabo, se limitan a repercutir el incremento de los costos a pesar de que sea a base de subir el "precio de la cesta de la compra", soportándolo al final, "la familia".

En varias intentonas en años anteriores se fue de fracaso en fracaso, por debilidad de las sucesivas Autoridades Portuarias y de los políticos y empresarios que tenían un auténtico respeto y miedo a un levantamiento de los estibadores; pero en 1993, la situación laboral llegó a tal extremo que la Patronal, las Autoridades Portuarias, y principalmente, el propio pueblo grancanario reaccionaron con tal claridad de ideas que se impuso el orden laboral, y a cada uno en su sitio: costos laborales mucho más mesurados, los que tenían que trabajar pues a trabajar y los que tenían que dirigir a dirigir, o sea se impuso la racionalidad en contra del caos que estaba impuesto. Se impuso la convicción de que un puerto en esas condiciones laborales no podría jamás responder a ser "nuestro pulmón" de la Isla; paralelamente también sucedía en Tenerife, llegándose a las mismas conclusiones.

Se entabló el enfrentamiento tan temido, pero afortunadamente, con la ayuda del Delegado del Gobierno, el Presidente de la Autoridad Portuaria (ambos socialistas y con las ideas muy claras) y la resistencia que hizo falta para resistir una situación laboral complicada durante un tiempo por parte de la Confederación Canaria Empresarios; destaco aquí a la Asociación de Empresas Estibadoras en especial tres personas, entre otras, ya desaparecidas, pero muy recordadas siempre que se hable del Puerto de La Luz y Las Palmas, como fueron Armando Bordes, Dimas Valdivielso y José Mª Navarro Pereira (éste último, precisamente, fallecido hace pocos días, a quien va toda mi oración). Como he dicho, todo este esfuerzo dio como resultado que nuestros planeamientos llegaran al Tribunal de Luxemburgo, que apoyaba todos los conceptos que ahora, otra vez, desea imponer, y que por el bien de nuestro puerto (nuestra despensa) y por tanto de Gran Canaria, de nuestra cesta de la compra y de todo el desarrollo que nos trae el puerto para no hundirnos más los 2,2 millones de canarios.

Por todo ello, debemos apoyar plenamente la Sentencia que se espera del Tribunal de Luxemburgo, para ello es fundamental que la Autoridad Portuaria se mantenga en su sitio y los empresarios que luchen por la cesta de la compra de todos los isleños y ojalá, también los de Tenerife, como entonces. Yo hablo por Canarias.

(*) Expresidente de la Confederación de Empresarios

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