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Cada cosa en su sitio

Mujeres al poder

Posiblemente sea la apuesta por las mujeres uno de los síntomas precursores del cambio. En el PP, la opción por Cristina Cifuentes en la comunidad madrileña y Esperanza Aguirre en la alcaldía de la capital, es análoga de las ya confirmadas en otras autonomías. Por no citarlas todas, baste como ejemplo la continuidad de Alicia Sánchez Camacho en Cataluña y Rita Barberá en el ayuntamiento valenciano, así como el estreno de Australia Navarro para la presidencia canaria, Mercedes Roldós al Cabildo de Gran Canaria, Cristina Tavío a la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife, etc. Dentro del PSOE, Susana Díaz tendrá que estrenarse como candidata en Andalucía y Patricia Hernández en Canarias. Avaladas unas por elecciones primarias y otras designadas a dedo, todas tienen carreras políticas más o menos largas y muy pocas son novedad relativa.

Más que en las personas, el cambio estará en los cargos postulados. Casi todas describen una lealtad sin fisuras a sus respectivos jefes orgánicos. A excepción de Rosa Díez, que es candidata y jefa de sí misma, en el historial de lealtades solo es cuestionada la de Susana y fluctuante la de Esperanza, tal vez una apuesta de riesgo por sus reticencias contra Rajoy y su pésimo ojo clínico en la integración de equipos de confianza (López Viejo, Francisco Granados e Ignacio González lo dicen todo). Persigan o no el objetivo de la paridad -innecesaria en términos aritméticos- estos movimientos testimonian la potencia del impulso femenino hacia el primer nivel del poder local y regional, que aún será más contundente cuando todas las cabeceras para el 25 de mayo queden atribuidas y llegue la dinámica de reemplazo a la jefatura del gobierno estatal.

A despecho de las reservas que algunos nombres suscitan, la generalización del relevo es buena y oportuna por encima de reivindicaciones de género. Muy diferentes en estilo y resultados, Thatcher en su momento y Merkel en el actual ejemplifican la plena autoridad femenina. Hillary Clinton puede ser la próxima inquilina de la Casa Blanca y en las esferas económico-financiera y diplomática ya es femenina la titularidad del FMI y de las relaciones exteriores de la Comunidad Europea. La alternativa es indiscutible como derecho y también en la expectativa de una inteligencia capaz de superar la crisis de valores y los fallos garrafales, todos adjudicables a los hombres, que han puesto al mundo al borde del abismo y rebasado el límite de la desigualdad que moviliza imparablemente un cambio de civilización. Añadiendo el imperativo de restaurar el crédito de la política, la urgencia es de máximos. Así no podemos seguir.

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