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Cartas a Gregorio

Váyase al carajo

Querido amigo, qué tendrá que ver el carajo con lo bueno o lo malo, alto, bajo, gordo o flaco... pero lo usamos para medir más cosas que el carajo.

A la palabreja se le conocen distintos significados aunque, al parecer, se refiere generalmente a la cofa del palo mayor de un velero a donde se solía mandar a los marineritos como castigo, porque era un lugar muy alto y frío, y bastante incómodo por el continuo movimiento del barco. Se pregunta uno, entonces, por qué carajo se dice que algo es más bueno que el carajo...

Lo que sí es bueno es su diminutivo, el carajillo, ese buchito de café con coñac que tanto nos calienta el cuerpo en las mañanas frías.

Tallón es el apellido por el que conocemos a un canario nacido en Galicia: José Antonio Hombre Tallón. Trabajó en Iberia en el Aeropuerto de Gran Canaria hasta que se jubiló hace poco, y resulta que el muy puñetero se las arreglaba siempre para incordiar al primero que se encontrara con alguna de sus bromas ingeniosas. Un día, en el pelete de las siete de la mañana de la antigua terminal de Gando, se le ocurrió pedir a voces "un café con churros" en el bar.

De sobra sabíamos todos que allí nunca habían tenido churros pero, bastaba con aquella insinuación para que toda la clientela del bar se fuera hasta el pobre camarero preguntándole: Oiga, ¿tiene churros...?, con el consiguiente cabreo del barman que, jurando en arameo, tenía que ir dando explicaciones a cada uno.

Siguiendo con al café mañanero, no sé si te acuerdas, Gregorio, de La Madrileña, una antigua churrería que estaba en la calle Bravo Murillo donde, los que terminábamos el turno de noche en el aeropuerto, solíamos recalar de mañanita cuando volvíamos a Las Palmas después del trabajo. A aquella hora llegaban por allí todos los que tenían que madrugar, pero también algún que otro resacado intentando aclararse las ideas antes de volver a su casa.

En esta ocasión y entre esos últimos estaba un borrachito de ya cierta edad. El pobre hombre, medio dormido, pidió un café y luego fue poniéndole azúcar de forma inconsciente, hasta que el camarero se acercó y le dijo: "Por qué no echa el café en la azucarera y así termina antes...". Pero el borrachito, en un alarde de lucidez, replicó: "No me gusta tan dulce..."

Aunque, para carajera, la que se está armando estos días con las elecciones autonómicas y municipales que ya tenemos a la vista. Hay tantos partidos que casi toca a uno por votante pero, por mí, se pueden ir todos al carajo.

Un abrazo del carajo, amigo... y hasta el martes que viene.

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