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En recuerdo de Pepe Alonso Morales

Hay personas que dejan huella en la vida de cada cual, y en la mía, una de ellas ha sido Pepe Alonso. Lo conocí allá por los años setenta cuando se incorporó al Instituto Pérez Galdós como profesor de filosofía.

Pepe era sacerdote y un docente ejemplar. Fueron aquellos años en los que ilusionados acudíamos a impartir clases, y a compartir con los compañeros, en aquella sala de profesores, ideas, pensamientos, lecturas. Fueron años de formación y de docencia, años en los que escribíamos, preparamos tesina, tesis, y descubríamos las materias que otros profesores daban por muy alejadas que estuvieran de las tuyas.

El seminario de filosofía del instituto era singular y allí estaba Pepe Alonso descubriéndonos las nuevas corrientes de su materia, a la vez que comenzamos a familiarizarnos con otra lectura de los Evangelios, con otra Iglesia más racional. Diálogo, pensamiento crítico, libertad, respeto, cultura, y junto a esto las dos Españas, Pérez Galdós, Madariaga, D. Claudio, D. Américo, la Institución libre de Enseñanza, y los compañeros maestros Alfonso Armas Ayala, Mª del Prado Escobar y tantos otros ? Siempre había un denominador común, la lectura y el diálogo en libertad, y allí encontrábamos a Pepe Alonso marcando el camino.

Pasaron los años, cada uno tomó su camino, pero aquella amistad forjada en torno al aula se convirtió en una compañía vital. Muchos de nosotros lo seguimos en sus tareas de compromiso social con "los otros", con los jóvenes, con los desahuciados, con sus inquietudes sacerdotales, con la nueva filosofía, a la vez que una relación familiar se iba acentuando. Pepe Alonso bautizó, casó a mis hijos y asistió a mi marido en sus últimos años. Hablamos de política, de libertades, de lecturas, de responsabilidades sociales, de la fe, de la iglesia y de la cultura.

Y todo esto multiplicado por tantos y tantos amigos hace que hoy sigamos su ejemplo y que su memoria permanezca y fructifique entre nosotros. Por todo ello y porque siga germinando tanta semilla que plantó, esta ciudad de Las Palmas de Gran Canaria le ha homenajeado poniendo su nombre a una plaza, en las inmediaciones de los institutos y de la Universidad. Una plaza que servirá para recordar su compromiso con los demás, y esa forma de Pepe de pensar en una iglesia que avanza hacia unos retos que son los de nuestro tiempo.

Muchas gracias, Pepe.

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