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'Lo mejor de mí'

Del amor y otras catástrofes

Las películas basadas en novelas kleenex de Nicholas Sparks son un subgénero dentro del drama romántico. El diario de Noa, Querido John, Mensaje en una botella, Un paseo para recordar, La última canción, Noches de tormenta... Y la próxima semana, El viaje más largo. Taza y media. Los libros tienen un público fiel que se lo pasa en grande con sus rocambolescas historias de amor perseguido por las dificultades y que a veces acaban bien y otras no. Yo, puestos a elegir, me quedo con la delirante Mensaje en una botella: un viudo lanza una ídem con una carta de amor a su esposa muerta y una periodista se lanza a buscarlo... Tremendo, pero salían Robin Wright y Paul Newman, había que verla.

Lo mejor de mí no es de las peores porque tiene un reparto competente (no son guapitos de cara y punto) y Michael Hoffman es un director con aceptable buen gusto y no deja que lo cursi se desmadre, pero al espectador que no sea un fan de este tipo de historias le puede fatigar tanto plano bonito (paseos entre florecitas, que no falten la chimenea ni las estrellas, adelante con las puestas de sol), tanta mirada lánguida, tanta frase sentimentaloide, tanto tópico en fila india (la familia que se opone, el anciano sabio que echa una mano, el reencuentro entre corazones heridos...), tanta apelación a la lágrima fácil, sobre todo en un final que alcanza cotas delirantes con una carambola de las que hacen época, y que hace juego con el arranque en la plataforma petrolífera, inenarrable.

Todo lo anterior será visto por los amantes de este tipo de cine como virtudes, los que no se rindan a sus encantos tendrán que conformarse con la crudeza de la relación entre el protagonista y su pariente matón, alguna conversación entre Marsden y Monaghan que, como son buenos actores, sí desprende un aceptable tono de romanticismo creíble a partir del desencanto vital, de la tristeza que supuran los amores perdidos.

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