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Artículos de broma

El trabajo no significa

El trabajo significa podría haber sido un lema anterior a la globalización. Ahora, el trabajo significa menos. Si un trabajo no da para vivir, ¿qué quieren decir cuando cuentan que aumenta la contratación y se crean no sé cuántos empleos? Pronto habrá que usar otro criterio para medir cómo vive un país y cómo sus habitantes. Para el tercer mundo no hablamos de empleo o de desempleo, sino de dólares y centavos diarios con los que se mantiene viva una persona.

Aquí no es así todavía pero el trabajo significa menos cada día: para el que lo tiene, porque no le arregla la vida; para los que cuentan empleos para informar sobre las políticas que permiten a la gente ser autosuficiente, porque con muchos empleos ya no se logra la autosuficiencia; para los que lo han perdido hace tiempo y en mala edad porque se les oxidó el concepto.

¡Qué raro que haya pasado esto! El trabajo regía nuestra sociedad aunque sabemos que quien tiene dinero y bienes se lo evita haciendo que sus riquezas trabajen por él mientras juega unos hoyos. Qué imprevisible ha sido para los dos partidos que se han sucedido con naturalidad democrática y que trataron la relación laboral como si fuera de igualdad entre las partes. Después de sucesivas reformas de la legislación laboral que siempre adelgazaron al más débil todavía no se explican cómo es posible que algo que se ha devaluado tanto tenga tan poco valor y se le asigne un precio tan bajo. Y si se lo explican no lo reconocen. En el abracadabrante arte del birlibirloque, cada nuevo abaratamiento del empleo era un abaratamiento del despido. Las leyes que se anunciaban para abrir la puerta delantera a nuevo personal sólo servían para desalojar trabajadores por la trasera. Los nuevos contratos nunca llegaron. Ahora la puerta delantera está llena de gente que acepta cualquier cosa a cualquier precio en cualquier condición. Han vuelto a hacerlo.

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