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Por dentro y por fuera

Cameron gana a las encuestas

Finalmente, los pronósticos de las encuestas ante las elecciones británicas del pasado jueves no se cumplieron. La contundente victoria de los conservadores de David Cameron, cerca de la mayoría absoluta (así lo apuntaban las proyecciones de los últimos escaños del escrutinio), ha sorprendido y ha tenido las primeras consecuencias: la dimisión del líder laborista, Ed Miliband, quien aún aspiraba a ser primer ministro hasta el día antes... con el apoyo externo de los independentistas escoceses del SNP.

Precisamente, estos han sido los otros ganadores de la noche (al llevarse 56 de los 59 diputados escoceses), lo que les otorga fuerza para hacer cumplir al reelegido Cameron sus promesas de más autonomía, tras la derrota cosechada en el referéndum independentista de septiembre.

Pero las primeras palabras de Cameron, tras su victoria, auguran una negociación compleja: su prioridad es mantener un país unido mientras, por otro lado, expresaba su firme compromiso de celebrar un referéndum (en 2017) sobre la permanencia británica en la UE. Se puede abrir, por tanto, un nuevo foco de tensión a la ya complicada situación de Grecia dentro de la eurozona.

En todo caso, y a diferencia de lo que ha sucedido en otros países del continente, el bipartidismo británico no ha quedado dañado (pese a no tener los porcentajes aplastantes de los años 50 o 60) y la gobernabilidad de las Islas es más fácil, ya que los tories no necesitarán pactar con los liberal-demócratas de Nick Clegg (los otros derrotados de la noche, que parecen haber recibido los golpes por la política de austeridad de los últimos años). Así que la City, sede de la principal fuente de riqueza del país (la industria financiera), respira tranquila.

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