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Opinión

Las encuestas y el 'efecto fotocopia'

Las encuestas y el 'efecto fotocopia' son dos de los aspectos más destacables de las elecciones británicas del jueves. Fallaron estrepitosamente los sondeos y, con ellos, los agregadores de encuestas que tan útiles resultan por su promesa de compensar picos. Todavía está en la red, colgada como una resaca del descalabro, la última de las predicciones del Poll of polls: conservadores, 33,8%; laboristas, 33,7%. Y su proyección en escaños: 273 conservadores; 268 laboristas. Tampoco fueron capaces de calibrar los encuestadores hasta qué punto iban a hundirse los liberales: 25 escaños era el mínimo al que se atrevían a reducir las 57 actas de los de Clegg en los Comunes salientes. Nadie, salvo los electores, osó descender hasta las 8 finales.

Pero ¿fallaron todas las encuestas? En absoluto. Para empezar, a Escocia sí la vieron clara: la minoría que perdió el referéndum de independencia era, sin embargo, una mayoría suficiente para acabar en primer lugar en casi todos los distritos escoceses. Y, luego, por supuesto, acertó de pleno, y aún se quedó corta, la encuesta a pie de urna difundida a las once de la noche por la BBC. Con su "conservadores, 316; laboristas, 239", dinamitó el mito del empate técnico. Tanto acertó que, aunque muchos medios escritos la utilizaron para titular y poner punto final a sus informaciones de papel, lo hicieron con todas las precauciones, acogiéndose a las fórmulas varias que el oficio ha acuñado para minimizar un posible 'columpio'.

La diferencia entre unas y otras encuestas está, por supuesto, en que la de pie de urna se basa en confesiones (incluye mentiras) y las otras en suposiciones (no sólo incluye mentiras sino también cambios de parecer). Puede haber, además, otra diferencia: la 'cocina' de las encuestas de campaña matiza la intención directa de voto con el recuerdo de voto y la simpatía, que sirven para engordar el dato bruto, afectado por el efecto adelgazante de la indecisión, hasta porcentajes 'reales'. Pero esta cocina no parece tener en cuenta un efecto que opera en sentido contrario al recuerdo de voto: el 'efecto fotocopia'.

En pocas palabras, el 'efecto fotocopia' es el causante de que una mayoría de votantes tienda a escoger a un partido en lugar de inclinarse por el que intenta parecérsele. Es el efecto que refuerza a ERC frente a CiU cuando Mas se pone independentista o al PSOE frente a Podemos cuando Iglesias parece diluirse en el rosa. Y en el caso británico es el que rechaza a unos laboristas obsesionados por gestionar mejor la austeridad que los tories o se olvida de unos liberales que, tras venderse en 2010 como un reformador soplo de aire fresco, se convirtieron después en la muleta de unos conservadores que pueden alimentarse de cualquier cosa menos de aires renovados.

Y, por encima de todo, es el que premia a quienes, en vez de buscar modelos para imitar, aciertan a tirarse a la piscina con programas nuevos, apostando a que la sociedad está, precisamente, pidiendo algo nuevo. Que es lo que han hecho en Escocia los nacionalistas del SNP para desgracia de unos laboristas que han visto como, en cuestión de horas, se les esfumaba el bastión donde durante décadas atizaban palizas inmisericordes a los conservadores.

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