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Opinión

Pitadas y sonrisas malévolas

Igual que ocurrió en 2009 y 2012, el Rey volvió a ser pitado por las aficiones del Athletic de Bilbao y el Barcelona en la final del torneo de fútbol que lleva su nombre. La pitada, como las anteriores, se produjo antes del inicio del partido mientras sonaba el himno nacional y los equipos estaban formados ante la tribuna .

Descontado que la pitada se produciría ( en España las gamberradas festivas se convierten rápidamente en tradición) la curiosidad se centraba en comprobar si esta de 2015 superaría en intensidad a las anteriores, y si el hecho de que hubiera un nuevo rey, más joven que el anterior y que todavía no dio motivos para el reproche, influiría algo en el desarrollo de los acontecimientos. Pero no hubo variaciones importantes en el guión establecido. Felipe aguantó el sonoro chaparrón ( quizás más ruidoso que nunca), el partido se desarrolló sin incidentes apreciables, y de ahí hasta el final no hubo más protestas ni más pitadas al monarca, lo que indica que la silbatina tenía un alcance subversivo muy limitado.

Es más, durante el acto de entrega del trofeo hubo aplausos generalizados para el equipo ganador, cuando Xavi e Iniesta subieron a la tribuna para recibir la copa de manos del Rey.

Si el propósito político de las dos aficiones fuese exclusivamente independentista, o exclusivamente republicano, lo lógico sería que ambas hubieran rechazado que sus respectivos equipos jugasen un torneo que algunos llaman la Copa de España aunque su nombre oficial es el de Copa del Rey.

Hay cuestiones importantes en las que no valen las medias tintas. Por supuesto, la pitada del Camp Nou dio pie a una intensa polémica en los medios. Hubo quien propuso juzgar como traidores a la patria a los silbadores anónimos y a sus instigadores más o menos explícitos. Y hubo quien, como el gobierno del señor Rajoy, que ya antes de que concluyese el partido difundió un comunicado propugnando una iniciativa legal para castigar esa clase de "vergonzosas actuaciones".

Nadie nos supo explicar, sin embargo, de que forma la policía hubiera podido identificar y detener a varios miles de personas. Ni tampoco cómo sería posible que el gobierno encontrase el tiempo necesario para aprobar esa ley antes de que concluya la actual legislatura.

Pese a todo ello, el centro de la mayor parte de las criticas fue el presidente de la Generalitat, Artur Mas. El jefe del gobierno catalán estaba situado en la tribuna justo al lado del Rey de España y resultó apreciable que durante la silbatina se le escapó una sonrisa de irónica satisfacción. Una sonrisa que no pudo reprimir y que en una cara tan ancha como la suya era el perfecto remedio de aquel anuncio tan famoso de Polvos Netol, un abrillantador de la plata de efectos parecidos al que seguramente se utilizó para darle lustre al trofeo que se disputaba.

La sonrisa de Artur Mas, mientras a su lado el Rey ponía cara de póquer ante la tormenta de silbidos, excitó a la bancada patriótica española que tiene en el secesionismo catalán una de sus bestias negras favoritas. Afortunadamente, la polémica fue amainando y dentro de unos días habrá desparecido de las tertulias y de los comentarios de prensa.

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