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Inventario de perplejidades

Morón acentúa la dependencia

Distraídos con las elecciones municipales y autonómicas, las luchas de poder dentro del PP y los escándalos que no cesan, ha pasado casi desapercibida para la opinión pública la firma de un nuevo acuerdo con Estados Unidos que convertirá la base militar de Morón de la Frontera en la sede de una potente fuerza de intervención sobre el continente africano, con el despliegue permanente de hasta 3.500 marines y entre 26 y 40 aviones, muchos de ello de despegue y aterrizaje vertical, es decir, aptos para operar en zonas sin aeropuertos de apoyo. La firma del acuerdo, que ha de ser aprobada por el Parlamento antes de su disolución, se aceleró para evitar la contingencia de que el partido del Gobierno no tenga mayoría absoluta en las próximas elecciones generales y la composición de la cámara no ofrezca las mismas garantías de adaptabilidad a los intereses estratégicos de Estados Unidos. El acuerdo es de gran trascendencia para la parte española porque supone reformar el convenio bilateral de defensa de 1988 y acentuar la línea de dependencia respecto de la primera potencia militar mundial. Una línea trazada en los tres acuerdos de cooperación firmados el 26 de septiembre de 1953 entre el gobierno de Estados Unidos que presidía el general Eisenhower y el gobierno de la dictadura española que, gracias a ellos, rompía la marginación internacional. Un acontecimiento que llevó a proclamar al general Franco ante las Cortes que, "al fin, había ganado la guerra", reconociendo de paso que sin la ayuda exterior no podría con sus propios medios responder a la agresión comunista. El peligro de la agresión comunista ya no existe (salvo el que creen ver en Podemos doña Esperanza Aguirre y su orquesta mediática) y el enemigo rojo se ha convertido en un difuso enemigo africano, sin que sepamos muy bien por qué. En cualquier caso, la Península Ibérica continua siendo para los estrategas del Pentágono el "centro del mundo" como asegura el general Manuel Fernández Monzón (de larga carrera en los servicios secretos españoles) que le reconocieron militares norteamericanos durante una visita a Washington. Con el acuerdo firmado en Madrid, y con los cuatro destructores de la clase Arleigh Burke de base en Rota formando parte del escudo antimisiles, España se convierte en socio privilegiado de Estados Unidos en materia de seguridad. Aún no conocemos las compensaciones que recibiremos por esa cesión de soberanía, una más, aunque algún medio adelanta que las autoridades norteamericanas han vuelto a prometer una solución para las tierras de Palomares (Almería) que quedaron contaminadas con plutonio desde que, como consecuencia del choque en el aire de dos B-52, cayeran allí cuatro bombas atómicas. Aquel episodio que provocó el famoso baño propagandístico del ministro Manuel Fraga y del embajador norteamericano en una playa cercana para descartar peligros para la salud. Desde 1966, han transcurrido 49 años y "España viene insistiendo sin éxito en que Estados Unidos pague parte de la limpieza y se lleve las tierras contaminadas pero el gobierno de Washington se ha negado siempre a ello con el pretexto de no crear precedentes que den pie a reclamaciones de otros países" (reproduzco el párrafo anterior de la crónica de un diario madrileño nada sospechoso de antiamericanismo).

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