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Myriam Z. Albéniz

Desde la sala

Myriam Z. Albéniz

La alienación parental vista desde otra óptica

El controvertido fenómeno de la alienación parental presenta diversas caras, todas ellas igualmente rechazables por lo que suponen de drama psicológico para sus víctimas, sean estas infantiles o adultas. Si resulta de sobra conocido que los legisladores van siempre por detrás de las realidades sociales, todavía demuestran una mayor miopía en la espinosa problemática de los niños alienados por uno de sus progenitores -aquel que se dedica a instilarles argumentos de odio y de rechazo- y uno de cuyos exponentes más perverso es la inducción a la falsa memoria. En torno a esta cuestión, tanto psiquiatras como psicólogos llevan tiempo dando la voz de alarma sobre esta específica patología de la salud mental.

Las prácticas no se limitan a trasladar una serie de falsos datos sobre el comportamiento de la madre o del padre no custodios (es una mala persona, nos van a echar a la calle porque no paga la hipoteca, no te compro este artículo porque no abona la pensión, no acudes a la actividad extraescolar porque se niega) sino que se está incrementando de un modo alarmante la transmisión de vivencias falsas, amparadas en la falta de recuerdos por mor del transcurso del tiempo (tú eras muy pequeño para acordarte pero te pegaba cuando eras un bebé, a mí me insultaba y me amenazaba, llegaba a casa borracho o drogada). Estas tergiversaciones acaban derivando en la criminalización de quien no convive con el menor tras una separación o un divorcio altamente conflictivos. En otras palabras, quien después del pleito obtiene la guarda y custodia, cuenta con más instrumentos para ganarse la mente y el corazón de los hijos, aunque sea a costa de dibujar un perfil de su expareja profundamente negativo y escasamente ajustado a la verdad.

Es estricta obligación moral de todo progenitor el facilitar a sus vástagos una relación sana y cordial con ese tercer vértice de la familia al que ya no ven a diario. No me cansaré de insistir en que la ruptura de una pareja no debe implicar de ninguna manera la anulación o la adulteración del nexo íntimo con sus descendientes. Se trata de relaciones absolutamente independientes y, por ello, los pequeños tienen el mismo derecho a disfrutar de ambas figuras, materna y paterna, si al menos no existen circunstancias concretas que desaconsejen el mantenimiento de tales vínculos.

Se da la paradoja de que, aunque el propio Consejo General del Poder Judicial considera la sustracción física y emocional de los niños como una nueva forma de maltrato infantil, los Juzgados, amparándose en la dificultad probatoria, no suelen admitir esta variante de agravio como causa de privación de la custodia o de la patria potestad del progenitor actuante, pese a que hunde sus raíces en nuestro sistema de valores, principalmente en el de la dignidad de la persona, recogido en el artículo 10 de la Constitución Española.

Y, precisamente, en virtud de su proyección en el marco del Derecho de Familia como cauce de reconocimiento de los derechos sucesorios, son cada vez más numerosos los afectados por esta situación que piden asesoramiento legal para redactar testamentos en los que se refleje ese abandono emocional por parte de sus hijos, con el fin de desheredarles en la edad adulta. Así pues, ya es posible llevar a cabo la desheredación filial de quienes se hayan desvinculado afectivamente del progenitor y hayan propiciado su abandono, tal y como avalan algunas recientes sentencias judiciales.

El sufrimiento de un padre o de una madre generado por culpa de la alienación parental no es baladí y viene a sumarse al de sus propios hijos que, si bien son los principales damnificados, no lo son en exclusiva. Exigir de los adultos un plus de madurez y de generosidad en estos procesos de descomposición familiar es el principal punto de partida. Por el bien de todos.

www.loquemuchospiensanperopocosdicen.blogspot.com

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