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El periscopio

Los armenios, víctimas del imperio Otomano

Cuando leí la obra de Franz Werfel Los cuarenta días del Musa Dagh pude enterarme de lo que hoy se conoce como el genocidio turco contra los armenios. Aunque los actuales dirigentes y muchos ciudadanos que viven en lo que hoy en Turquía quieran negarlo, es evidente que ese hecho se produjo y que casi millón y medio de personas de etnia armenia que habitaban dentro del imperio otomano, o en territorios que habían conquistado perecieron. Armenia es un antiguo país de la zona del Cáucaso con una larga trayectoria que a veces está relacionada con mitos e historias bíblicas. Se supone que allí estuvo el Paraíso del Edén e incluso, que en las laderas del monte Ararat encalló el arca de Noé, después del Diluvio Universal. No está probado científicamente de todo esto ocurriera. Pero ahí queda la incógnita para los amigos de los misterios y de los enigmas. Se dice que los judíos del cautiverio de Varsovia leían este libro. Werfel, novelista, poeta y dramaturgo, había nacido en Praga, en 1890, que en aquellos momentos pertenecía al imperio austro-húngaro. Se casó con la viuda de Gustav Mahler. Era también coetáneo de Kafka y otros intelectuales judeo-austriacos como Max Brod y Martin Buber. Entre las obras de Werfel figura La canción de Bernardette, que escribió en 1941, surgida después de una visita que realizó a Lourdes.

Este vieja nación, que en armenio se denomina Hayastán, fue la primera en adoptar el cristianismo como religión oficial gracias a la acción evangelizadora de los apóstoles Judas Tadeo y Bartolomé, llamado también Natanael. Este último murió mientras lo desollaban vivo, por orden del rey Astiages, por haber convertido al cristianismo a Polimio, hermano del monarca. De Tadeo se sabe que también fue martirizado en Persia. Ambos son los patrones de la Iglesia apostólica armenia.

Cristianos y judíos tuvieron épocas que convivían pacíficamente con los musulmanes turcos, aunque sus derechos eran menores, pero llegó un momento en que, imbuidos por el nacionalismo, surgieron grupos intolerantes, como es el caso de los Jóvenes Turcos, que lanzaron una campaña de exterminio contra otras etnias y religiones que no fuera la mayoritaria del imperio otomano y una de las más perjudicadas fue la armenia.

La campaña antiarmenia empezó el 24 de abril de 1915 y finalizó en 1923. A lo largo de esos años, los turcos cometieron toda clase de desmanes e iniquidades: masacres, marchas forzadas en pésimas condiciones, en las que murieron muchas de sus víctimas de sed o de hambre, a lo que unió el saqueo de sus propiedades por parte de los gendarmes que tenían que custodiarlos, o por grupos kurdos que se enriquecieron con tierras armenias o satisfacían sus instintos sexuales con mujeres cristianas y niños.

Pero hay que señalar que las masacres contra los armenios habían comenzado antes, concretamente en 1890 porque los armenios tuvieron la osadía de exigir al sultán Abdul Hamid II las reformas que se habían prometido en 1876, cuando se había dictado una constitución, creado un parlamento y un senado en el que se reconocía una igualdad para los súbditos pertenecientes a otras etnias o diferentes religiones. A pesar de que la madre del soberano era armenia, no dudó el sofocar las rebeliones que hubo, principalmente en la provincia de Sasun, donde se estima que perecieron entre 100.000 y 300.000 armenios, entre los que se incluían mujeres y niños.

El 29 de octubre de 1923 Mustafá Kemal Ataturk, prestigioso militar y estadista que había nacido en Salónica (Grecia) en 1881, fundó la república de Turquía y fue su primer presidente hasta 1938. El imperio Otomano se desintegró después de la Primera Guerra Mundial, perdiendo los territorios de Siria, Palestina, Mesopotamia, Arabia y las tierras griegas y del este de Europa que había ocupado. Se caracterizó por darle al país un giro más moderno y progresista. Entre sus reformas figuran la purificación del idioma turco, la sustitución de la grafía árabe por el alfabeto latino, el cierre de las escuelas religiosa, (madrazas) prohibición de la sharía, del fez, del velo en las mujeres, del divorcio por repudio y de la poligamia, introducción de la vestimenta europea, adopción del matrimonio civil, del calendario occidental, declaración de la laicidad del Estado, concesión del voto a la mujer y del derecho a ser votadas, proclamación del domingo como día de descanso, etc.

Hoy, Turquía vive una situación de cambios que no van precisamente hacia adelante, al llegar al poder líderes de partidos islamistas, como el primer ministro Erdogan, que además de ser acusado de muy autoritario, pretende la reimplantación de ideas y leyes abolidas desde el tiempo de Ataturk, lo cual puede conducir al fin de con la laicidad del Estado y el respeto a otras creencias impuestas por el héroe turco.

En la historia que narra el escritor de Franz Werfel resalta la resistencia de un grupo de 1.500 armenios, dirigidos por Gabriel Bragadian, que vivían en aldeas cercanas al Musa Dagh (Monte Moisés) y que resistieron contra los turcos durante cuarenta días hasta que fueron salvados por tropas francesas.

Z Intelectuales y artistas armenios

Armenia, o los descendientes de armenios que viven en la diáspora, han dado al mundo personajes de gran renombre en el ámbito de las letras, de las artes, de los negocios o del deporte. Son tantos que sería muy largo mencionarlos. Entre ellos figuran el pintor Ivan Alvazovsky (Hovhnnes Aivazián) los compositores Aram Khachaturian (autor de Gayaneh o de Espartaco), o Alan Hovhaness. También son de ascendencia armenia el galardonado escritor norteamericano William Saroyan, ganador del Premio Pulitzer y un Óscar, y el actor francés Charles Aznavour (Aznavourian).

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