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Sol y sombra

El disparate nacional

No hay mensaje coherente en nuestros políticos. Esforzase en encontrarlo es tarea estéril. Las maniobras para reconducir el voto fragmentado del 24-M magnifican la contradicción. Por ejemplo, Pedro Sánchez previene a Albert Rivera sobre el PP del caso Gürtel, cuando este último busca con Rajoy una salida a los pactos para, digámoslo de esta manera, alcanzar la gobernabilidad en ayuntamientos y autonomías.

Claro que los populares podrían hacer lo propio advirtiendo a Ciudadanos del riesgo que supone dejar que gobierne el partido de la corrupción en Andalucía.

Podemos y sus marcas blancas sostienen, por un lado, que están enterados de las líneas rojas que no pueden cruzar para entenderse con la famosa casta. ¿El PSOE era casta, verdad?

Pero las líneas se acabarán cruzando. Esta escenificación de la llamada nueva política para entenderse con la vieja es algo inédito hasta cierto punto. Como es natural la puesta en escena no está solo dirigida desde una visión regeneradora, se sustenta fundamentalmente en la estrategia a corto plazo que indica el camino a la legislativas.

En el caso de la izquierda, se trata de tres partidos que han concurrido a las elecciones con programas muy dispares e ideas distintas de cómo se debe hacer política. No les han dicho a los electores que su objetivo era entenderse y, sin embargo, ahora se ven impelidos a hacerlo por el supuesto clamor primario de desalojar al PP de los feudos donde ganó pero no logró la mayoría absoluta.

Se ha abusado propagandísticamente de conceptos necios como son la casta, el bipartidismo, etcétera. Es todo un disparate.

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