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Papel vegetal

Una nefasta política de cambio de cromos

No es precisamente edificante, para decirlo con suavidad, la política de cambio de cromos a la que parecen dedicarse algunos líderes políticos para intentar formar las imprescindibles alianzas a raíz de las últimas elecciones.

Yo te ayudo a conseguir esta alcaldía a cambio de que tú me ayudes a lograr la otra. O a yo te doy los votos que necesitas para presidir esta autonomía si me ayudas a formar gobierno en aquella ciudad, que es la que más me interesa.

No es aceptable que se condicionen ciertos pactos de gobierno, ya sea municipal o autonómico, a la estrategia del partido del que se trate en cualquier otro lugar, y mucho menos con la vista puesta en las generales.

Cada ciudad, cada autonomía debería ser una entidad independiente y no estar sometida a ningún condicionamiento, a ningún cambalache de ese tipo.

Los ciudadanos no eligieron a un partido en el lugar o la autonomía donde viven para que luego ese condicione su política allí a sus necesidades de alianzas en cualquier otra parte del territorio patrio.

Decía y repetía el comunista Julio Anguita "programa, programa, programa" y, al menos en esto, tenía toda la razón.

No puede ser que un partido que hizo localmente bandera de la lucha contra la corrupción vaya a tolerar a un imputado porque le interesa a cambio del apoyo que pueda recibir en otra ciudad o autonomía.

La primera obligación de cualquier político demócrata es limpiar el propio patio. Hay demasiadas cuadras de Augías necesitadas de urgente limpieza en este país. Y en esta tarea no debería haber ningún compromiso.

Una vez cumplido ese cometido por higiene democrática, que digamos, habrá que ponerse de acuerdo sobre el programa de gobierno, y todos tienen que aprender a ceder.

Y es bueno que así sea. Las mayorías absolutas que hemos tenido que soportar los ciudadanos de este país, sobre todo la última, han resultado nefastas por culpa del abuso que en todo momento han hecho algunos de ellas.

Hace falta una cultura de pactos como la que existe en otros países sin que ello signifique, sin embargo, que haya que adaptar el modelo alemán de gran coalición entre la derecha conservadora y la izquierda socialdemócrata.

Es algo que podría tentar en un futuro a la presidenta andaluza, Susana Díaz, si decidiese dar el salto a la política nacional, lo cual explicaría su supuesto distanciamiento del líder del Partido Socialista, Pedro Díaz.

Pero ese tipo de pactos, si bien pueden traer estabilidad, algo tan caro a nuestros conservadores, son nefastos desde el punto de vista democrático.

Los dos grandes partidos tradicionales terminan confundiéndose al aplicar la misma política -la de "no hay alternativa"-, expulsando al resto a los extremos del tablero político.

Aunque eso es en el fondo lo que está sucediendo en buena parte de la Europa actual sin necesidad de gran coalición, gobierne uno o el otro partido.

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