Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La que se avecina

Balance de Cardona

Juan José Cardona termina su mandato como alcalde de Las Palmas de Gran Canaria y es quizá buen momento para intentar un balance (en estas cosas siempre provisional) de lo que ha hecho. Más que hacerlo yo, quiero comentar algunas cosas que a mí me han parecido positivas o negativas de su gestión, y que el desocupado lector haga su propio balance.

Z Cosas positivas

Compromiso. Cardona se tomó muy en serio la Alcaldía. Decidió hacer cosas, cuidar de su ciudad, ser un alcalde activo y proactivo (el que actúa antes que los problemas). Metió -digamos- las manos en la masa, y se empeñó en crear espacios peatonales, a veces bellos y verdes. Estoy seguro de que sus días, semanas y meses de trabajo agotador han sido arduos y que durmió muy pocas horas. No recuerdo, desde Juan Rodríguez Doreste, un alcalde que se comprometiera tanto con su labor.

Peatones. Cardona ha sido defensor del peatón y de los ciclistas -dos puntos fuertes a su favor- siguiendo la tendencia ya universal en el mundo desarrollado y emergente de limitar lo automotor.

Planeamiento. Cardona también estudió y se preocupó de zonas especiales, como por ejemplo la del muelle para cruceros, con el futuro acuario y el Mercado del Puerto, tarea que esperamos que sus continuadores continúen, y hasta mejoren. Rara vez el diseñador o planificador urbano llega a ver sus obras terminadas por él mismo.

Z Cosas negativas

Las guaguas. El servicio de guaguas (no ellas que son muy buenas) de Las Palmas es deplorable. Largas esperas, a veces de 40 minutos. Se aumentó el precio del pasaje dos veces durante el mandato de Cardona, pero no se aumentaron -o se lo hizo apenas- el número de guaguas y de trayectos. El medio de transporte más popular y accesible de Las Palmas no cumple su misión. Es caro y malo. Faltan guaguas. ¡Gaste dinero en ellas Sr. Alcalde, sea quien sea, de derechas o de izquierdas! Las guaguas son para todos, para el pueblo.

El laberinto. Los edificios de Las Palmas, en su gran mayoría, carecen del número que indica su dirección. Ejemplo: en las últimas elecciones tuve que votar en la calle Tenerife nº 17. Fui hasta allí. La calle es corta, no pasa de 100 metros, y será fácil encontrar el número -pensé-. Pues no. Un solo edificio en toda la calle tenía número: el 10, bien visible en el centro de la acera norte. Ya sabía que el 17 estaba en la acera opuesta, pero nada más. Ningún edificio allí tenía número ni parecía apto para votar o se veía gente haciéndolo. Consulté con un policía y quedó tan desorientado como yo. Buscamos, preguntamos y volvimos a buscar. Finalmente localizamos, porque nos avisaron, un pequeño local en semisótano -sin número por supuesto- muy cerca de la playa. Más de media hora perdida. Y tercermundismo total del Ayuntamiento de Las Palmas que es responsable de esa falta de numeración, repetida en toda la ciudad, donde buscar una dirección es toda una odisea. Resolver el problema no costaría dinero, pues los propietarios de los edificios pagarían sus números, normalizados y obligados por el Ayuntamiento. El tema se resuelve con trabajo y buena letra. Las Palmas es la 7ª u 8ª ciudad de España, lo merece y lo necesita.

Z Empates

El tráfico. Todos sabemos que el tráfico de Las Palmas es insoluble. A favor: que se circula con cierta fluidez y que se llega, a veces hasta rápido. En contra: los semáforos, ridículamente numerosos (las malas lenguas hablan de comisiones); ya hay más en Las Palmas que en París con sus tres millones de habitantes. En cualquier trayecto en coche, el 70% del tiempo uno está detenido en los semáforos -haya o no tráfico- consumiendo energía, derrochando gasolina, envenenando el aire y perdiendo tiempo y dinero... ¡Las 24 horas del día, los 365 días del año! Una vez yendo en taxi, noté que el tráfico estaba especialmente fluido y veloz ese día. Lo comenté con el taxista y me dijo que debido a un cortocircuito no funcionaban los semáforos en casi toda la ciudad. Sin semáforos se circulaba mejor, mucho mejor. (Se podría intentar -como prueba- en días, y en horas determinadas, eliminar o reducir semáforos en ciertas zonas). En resumen: empate.

El Parque del Estadio Insular. En contra: su fealdad; lo hecho es algo entre el esperpento y la nada. Se han mantenido las enormes y horribles fachadas protegidas (¿quién nos protege a nosotros de ellas?) que tapan el espacio, que de no estar las fachadas allí se abriría hacia arriba al paseo de Chil con rampas peatonales (baratas) y/o cascadas de agua (ídem); y hacia abajo y al norte, uniéndose a Alcaravaneras, con una lograda zona peatonal existente. Un paseo peatonal desde Alcaravaneras a La Cornisa y vuelta, por el corazón verde de la ciudad. Nada de eso se hizo. (Si se deseaba un homenaje al viejo Estadio Insular se podría exhibir una maqueta en su sitio).

A favor: que se haya hecho algo. Es obvio que Cardona tuvo que lidiar con un Bravo de Laguna bravo de lidiar, e hizo lo mejor que pudo. Había prometido resolver el problema del Parque del Estadio, y lo hizo. Más mal que bien, pero lo hizo; cumplió los plazos y los presupuestos y a otra cosa mariposa. Diseño urbano pobre o nulo, pero eficiencia y ejecutividad muy buenas. Otra vez empate.

Hay seguramente otros temas que tratar al respecto. Yo me detengo aquí. Que los lectores hagan su propio balance.

Compartir el artículo

stats