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Sol y sombra

El adversario y el enemigo

En la política, al contrario de lo que sucede en la guerra, el enemigo no se sitúa enfrente. Esa posición la suele ocupar el adversario. El enemigo aguarda al lado o en la propia casa.

Pablo Iglesias, al que se le atribuye un fino instinto estratega, hace tiempo que eligió al Partido Popular como adversario y al PSOE como enemigo. Esto último, según parece, no lo han entendido suficientemente bien todos los socialistas. De lo contrario los movimientos en el tablero serían muy distintos a los que se es-tán viendo.

La batalla política es, en gran medida, la disputa por los espacios. Si lo que Podemos pretende es ocupar el espacio de la izquierda haciéndonos creer también que pueda transitar sin mayores problemas desde el extremo a la socialdemocracia, le sobran tanto el PSOE como Izquierda Unida. Pero fundamentalmente, los socialistas. Enfrente, estaría la derecha: el adversario natural. Un territorio al que, de momento, Pablo Iglesias no aspira.

En términos generales, la política se plantea, por mucho que nos hayan querido hacer creer lo contrario, como un juego bipartidista favorecido por una polarización ideológica inevitable hasta ahora. Dos fuerzas; una gobierna y la otra es alternativa de poder. Así ha sucedido y sucede en la práctica totalidad de los rincones de la tierra donde existe la posibilidad de elegir. Suelen ser, además, dos opciones, derecha e izquierda; si quieren lo pueden llamar de otra manera pero al final resultará lo mismo. De vez en cuando, surge algún que otro comparsa.

El estratega de la tortilla francesa ha visto la posibilidad del sorpasso y ha identificado certeramente el objetivo, es decir al enemigo, en el PSOE. Lo siguiente es apartar a un lado, como apestados, a los socialistas exigiéndoles, al mismo tiempo, que en nombre de la izquierda abran paso a Podemos en las instituciones para ir sentando una nueva hegemonía.

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