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A la intemperie

Emociones y dignidad

Cuánto pesaba el cadáver de ese niño muerto que ha salido en todos los periódicos? ¿Cuánto los catorce mil menores cuya vida se ha cobrado, ella sola, la guerra de Siria? ¿Cuánto los millones de refugiados y desplazados que aparecen en forma de puntitos oscuros en las infografías de la prensa?

La infografía es uno de los grandes inventos de la humanidad porque nos convierte a todos en generales. Te levantas, coges la taza de café, despliegas el periódico y ahí está todo lo que en su día no lograste aprender en tu viejo libro de Geografía. Ahí aparecen Siria y Turquía y Hungría y el mar Negro (más negro que nunca) y Rumanía y Hungría y Austria... Puedes ver todo el recorrido que realizan los vivos y los muertos en eso que venimos llamando "crisis migratoria", que es una cosa, lo de dar nombres, que tranquiliza mucho la conciencia y el estómago. De momento, ya sabemos cómo se llama esa catástrofe. Ahora nos podemos sentar a analizarla.

Si entras en Internet con la mano que te deja libre el café humeante recién hecho, resulta que hay mapas interactivos con los que puedes aumentar la sensación de general ya aludida en el anterior párrafo. Y si eres un usuario medianamente hábil, hasta podrás localizar las vías del tren por las que avanzan los fantasmas que mueren en las costas del Mediterráneo, quizá puedas verlos en tiempo real gracias a las cámaras de los satélites que hemos logrado colocar en órbita para estudiar, con expresión de coronel en tienda de campaña, los movimientos migratorios.

El power point, otro de los grandes inventos de la humanidad, está ya al alcance de cualquiera y nos convierte a todos en estrategas de la realidad. Desde la cocina de tu casa, puedes observar el avance de las sombras que nos devuelve al medievo. Solo nos falta una buena epidemia de peste.

Nos preguntábamos al principio de estas líneas por el peso de los cadáveres porque el número ya lo sabemos. A veces, cambiando los patrones para medir las cosas, cambia también la actitud ante ellas. Si la cantidad de muertos ha dejado de impresionarnos, tal vez su peso logre conmovernos todavía. Urge recuperar la emoción, a ver si hay suerte y con ella recuperamos también la dignidad.

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