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El callejón del gato

Muerte en Gran Canaria

Mientras apurábamos las últimas horas de agosto sentados en una de las múltiples terrazas de la playa de Las Canteras, ajenos a lo que ocurría muy cerca de allí, se estaba desarrollando un drama que últimamente, por desgracia, se repite con demasiada frecuencia. Una persona, la novena en lo que va de año, yacía en la arena bajo una sabana a manera de sudario mientras la gente a su alrededor charlaba animadamente embadurnándose de crema bajo el tórrido sol del verano capitalino.

Todo esto suena al argumento de la novela de Thomas Man Muerte en Venecia, magistralmente llevada al cine por Luchino Visconti, donde los escenarios de dicha acción se reducen prácticamente a los espacios de un exclusivo hotel de veraneo veneciano y a la playa contigua a dicho hotel; lugares que se alternan en la rutinaria languidez de una estancia vacacional.

La insensibilidad en que se ha caído por el dolor ajeno nos esta llevando a mirar para otro lado mientras cientos de congéneres sufren en silencio al tiempo que arrastran su existencia con una mano delante y otra detrás.

Atrás quedaron las costumbres y enseñanzas de nuestros mayores a los que, por cierto, se les deja morir sin la más mínima compasión hacia quienes nos cuidaron con mimo durante nuestra niñez.

¿Qué nos esta pasando? El egoísmo supremo y el aquí y ahora impuesto por una sociedad que ha dado al traste con los más elementales valores éticos y morales convirtiéndonos en unos seres deleznables. La sirena ulula a lo lejos, los curiosos miran, mientras un voluntario sólo certifica con la mirada lo inevitable. De Gran Canaria al cielo. La aventura que comenzó como un día de playa pone punto final a la barra libre de la sociedad del bien morir.

La sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno lleva a plasmar en primera página de este rotativo la muerte más cruda de una persona mientras el jolgorio a su alrededor sólo es sofocado entre bocanada y bocanada del humo del pitillo de una bañista que mira al horizonte.

La vida continua, de nuevo el bullicio lo invade todo, mientras otros bañistas cargados de ilusiones con destino al cálido sol del estío que envuelve con su suave brisa para acompañarlos por ultima vez a su destino final.

Las grandes oportunidades para ayudar a los demás raramente vienen pero las pequeñas nos rodean todos los días.

A pesar de lo mucho que hemos avanzado, el aislamiento a que estamos sometidos es un creciente obstáculo para la solidaridad.

En definitiva, dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos.

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