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El periscopio

USA, un país de armas tomar

Los medios informativos nos regalan de vez en cuando trágicas noticias sobre las acciones de descontrolados y desequilibrados en Estados Unidos que con sus armas letales atacan colegios, iglesias, o a cualquier otro colectivo, y a veces, a título personal. Una de las últimas se refiere a la muerte de dos jóvenes periodistas de una emisora filial de la CBS, Alison Parker y Adam Ward, a cargo de otro colega, llamado Vester Lee Flanagan, que debería tenerles bastante tirria como para llegar a tales extremos El agresor terminó suicidándose, al ser acorralado por la policía.

Es la consecuencia de una sociedad con hábitos violentos que parece haberse convertido en algo genético. Su familiarización con las armas nace en torno al desarrollo y expansión de una nación lograda a base de guerras, imposiciones, abusos y genocidios. Guerras de liberación, conquista del Oeste, lucha contra los indios, los españoles, los mexicanos y con todo aquel que se oponga a sus intereses estratégicos y económicos. Hubo masacres contra los indígenas americanos, o en conflictos internacionales en los que han intervenido: Corea, Vietnam, Afganistán, etc, en las que no se respetaba ni siquiera a mujeres, niños o ancianos. Bombardeos indiscriminados y daños colaterales. All right? Un país en cuyo seno ha habido venganzas siniestras, gángsteres y mafias implacables y criminales, con su propio código moral y su justicia. Es la consecuencia de un hecho evidente: de cada diez personas nueve poseen armas, sean legales o ilegales, que suponen todo un peligro cuando no hay control de las mismas, o personas que están dispuestas a emplearlas sin pensárselo mucho.

Pero Estados Unidos no se conforma con ser una nación violenta sino que también exporta su violencia en forma de literatura, de cine, de invasiones que considera justificadas, de ayuda a perversos dictadores que defienden las estrategias yanquis, etc. Sin olvidar que como fabrica armas hay que darles salida de alguna forma. Ahora, después de un gobierno donde ha imperado más la cordura, (a pesar de las chapuzas e intrigas ciáticas) la poderosa nación americana ve en su horizonte el nubarrón de un individuo belicista y racista, un tal Donald Trump, apoyado por los republicanos, que ven quizás en él un a nuevo Tío Sam dispuesto a poner un poco de orden en este confuso mundo. Le llueven ya críticas por todos lados. Hasta el actor Matt Damon he dicho: "Trump es xenófobo y deshumanizante".

Alguien dirá que esta historia de opresión, de violencia y de vulneración derechos humanos la han repetido otros países, otras potencias, pasados imperios o crueles dictaduras totalitarias. Es cierto. La misma España ha coleccionado hazañas, que algunos patriotas califican de gloriosas, pero que no han tenido nada de ejemplares ni de dignas. Actualmente se escriben historias similares, sin que a veces nadie se asombre de ellas. Miles de personas mueren en guerra absurdas, los refugiados aumentan en los países más prósperos o se ahogan cuando intentan huir de tanta barbarie, persecuciones y desequilibrios. Buscan paz y futuro allí donde suponen que existen gobiernos y sociedades más justas.

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