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Un triunfo necesario

Habían pasado tantos años desde aquella primera vez (1951) que la UD visitó oficialmente la casa del Real Madrid, que esta nueva ocasión despertó un especial interés, no sólo entre los aficionados de aquella etapa que aún aguanten hasta hoy, sino también en los más jóvenes que esperaban desde hace 13 años volver a ser de Primera. Los más impacientes, se rascaron el bolsillo yéndose con su bandera, camiseta y escudo a Madrid. Y ya han vuelto. Perdedores, pero orgullosos de haber dejado allí los ecos del pío pío y sentir en propia carne lo que hace años ya sintieron sus padres y abuelos atravesando antes que ellos el umbral del viejo Bernabéu.

Aunque pareciera broma, más de uno, y sin publicarlo soñaba en hacer algo, y algo se hizo entre Todos los Santos y los Fieles Difuntos; perder sin traumas árbitros ni excusas de por medio.

Antes de ello y en el ascensor del hotel coincidí con tres jugadores amarillos muy jóvenes, tanto que ni me conocen ni siquiera saben que en mi juventud colaboré para que su UD naciera del corazón de otros cinco equipos de la tierra. Y hablando del partido que iban a jugar, uno de ellos me preguntó. -¿Y qué le parece el partido para hoy, abuelo?

Muy mal asunto -respondí-.

A lo que me retrucó pronto.

-Malo para el Madrid, ¿no?

A todo esto llegó el ascensor abajo y no hablamos más, pero ¡bendita respuesta!. Era señal de que aún sabiendo que iban a jugar contra el mejor equipo del mundo, estos chicos no iban ni temblorosos ni acojonados de antemano.

Cumplieron después en la cancha algunos momentos con cierta tensión, y aunque perdieron el partido, ¡cuánta experiencia adquirieron como equipo en formación en sólo 90 minutos! Recibieron únicamente tres goles y no el paquete que algunos presentían, además, uno en propia puerta porque lo marcó Jesé.

Aythami consiguió calentar a Cristiano y en general tuvieron que correr, aunque, eso sí, los otros más rápidos y decididos; con mejores reflejos.

Total que sólo es la experiencia lo que contabilizan los chicos cuya derrota comprendemos, porque si bien perdieron el partido no así el decoro que mantienen intacto para ser defendido otra vez, ahora en casa y contra la Real Sociedad. Y si con algo les puede estimular el aficionado canario que les siguió por encima del millar hasta la capital de España, es premiando con asistencia y aplauso, el esfuerzo del Bernabéu y sobre todo la consecución de un gol histórico, el único que en esta temporada hizo mover el casillero visitante del gran estadio, desvirgado de cabeza por Hernán.

¿Cómo entonces, aficionado canario, no reforzar mañana con su presencia y aliento la búsqueda del triunfo amarillo sobre la Real?

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