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La que se avecina

Esta maldita guerra

Estamos en guerra. El Estado Islámico, EI (o IS, o ISIS, o Daesh), es el enemigo. Y ese enemigo tiene frenado su crecimiento territorial. Está rodeado y no le permiten avanzar. (Sólo tiene como aliados -ocultos, vergonzantes- a billonarios de Arabia Saudí y algún emirato, suníes como ellos). Según explica el brillante experto francés Olivier Roy en el New York Times (Los ataques de París revelan los límites estratégicos de ISIS, 17 de noviembre) el Daesh está territorialmente frenado; debe entonces continuar la guerra por medio del terrorismo a distancia, a domicilio. Para ello recluta terroristas suicidas y ataca afuera: Líbano, el Sinaí, París... ¿Bruselas?

Nosotros, y nuestros "aliados" en esta lucha contra el islamofascismo, nos limitamos a lanzar bombas desde el aire, que hacen daño, dejan penas (como decía el bolero), pero nada más. Porque esta guerra no se gana así. Hay que enviar tropas. Invadir.

¿Quién lo hará? USA ni quiere ni puede -sin mucha incomodidad- hacerlo. ¿Francia? ¿Irán quizá?... ¿Rusia? Putin es el más inteligente. Propone usar las tropas del propio El-Assad, dictador y aún presidente sirio, reforzadas (¿hasta quizá por Rusia misma?). Su apoyo a El-Assad no es sólo para conservar la base rusa de Tartus, sino ahora también para usar sus tropas terrestres contra el EI. No está -o estaría- tan mal pensado.

Mientras tanto los bombardeos aumentan el "gancho" del EI (o IS, o ISIS, o Daesh) para reclutar más terroristas suicidas.

Z Contra los nazis ¿o como los nazis?

Estamos en guerra contra el islamofascismo, y sin embargo rechazamos a los refugiados que huyen despavoridos de él.

Ya ocurrió antes. Durante la 2ª guerra, USA rechazó, para evitar la "infiltración comunista", barcos de refugiados judíos -el St. Louis- que debieron volver a Alemania? y al Holocausto. Y no fue el único caso. Muchos miles de judíos fueron rechazados por los aliados, inclusive hasta después de la derrota nazi. Ahora hay voces en USA, en la UE, y por supuesto en España, que reclaman hacer lo mismo para evitar la "infiltración de terroristas" entre los refugiados.

¿Por qué habría de infiltrarse un terrorista como refugiado? ¿Para qué tomarse el trabajo y el riesgo de viajes peligrosos, naufragios, largas esperas -¡y decenas de controles!-, si puede entrar pasaporte en mano como ciudadano belga, francés o español? Cualquiera de los terroristas de París hubiera podido -todavía puede- entrar sin visa a USA como ciudadano europeo.

La capacidad mental de los que argumentan contra la entrada de refugiados, porque con ellos vienen terroristas, es minúscula, micrométrica. Lo lamentable es que gobernadores de estados de USA, precandidatos republicanos, y también dirigentes políticos europeos -y españoles- de primera línea, utilicen ese argumento.

Lamentable y peligroso, porque indica un muy bajo coeficiente intelectual, y/o un rancio cinismo, pues sabiendo que no hay terroristas infiltrados, utilizan ese pretexto para evitar que vengan inmigrantes, que -de paso-, son de otra religión y raza. Como eran los judíos.

Z Ni con la guerra

En un esclarecedor blog del New York Times (Terrorists and Aliens, 17 de noviembre) Paul Krugman explica como Roosevelt no venció a la Gran Depresión de los años 30 con su política keynesiana -que falló, digamos- sino con la Segunda Guerra Mundial que necesitó un tremendo, gigantesco, gasto (y endeudamiento correspondiente) imposible de conseguir políticamente en tiempos de paz; y que acabó con la crisis.

Continúa Krugman citando a François Hollande, que declaró que "la seguridad debe tomar precedencia sobre la austeridad" y preguntándose veladamente si esto podría ser el comienzo del fin de la austeridad y la crisis.

Pero él mismo responde negativamente alegando que los números son muy pequeños. Calcula que el aumento del gasto militar de USA después de las Torres Gemelas -invasión de Irak incluida- fue un 2% del PIB; operaciones y gasto mucho mayores que las que Francia -según él- emprendería ahora; que él estima en una fracción del 1% de su PIB, muy pequeña cantidad con respecto a la austeridad impuesta por Europa. Krugman cree que -salvo que la respuesta francesa sea mucho más fuerte que lo que él imagina- el efecto en el crecimiento no será grande.

Así que según Krugman, que, Nóbel en economía que es, algo sabe del tema, esta guerra, espantosa, como todas, y especialmente terrible por su don de la ubicuidad (¿dónde y cuándo el próximo París?) ni siquiera nos servirá para salir de la crisis.

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