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Crónicas galantes

Un gobierno de lo más grueso

Con su extraño lenguaje lleno de elipsis, el todavía presidente Mariano Rajoy acaba de proponer un Gobierno aún más ancho y grueso que el de la Grosse Koalition dirigida por Angela Merkel en Alemania. Si allí son dos los partidos que la forman -el democristiano y el socialdemócrata-, en el caso de España se llegaría al terceto, con la añadidura de Ciudadanos a los tradicionales PP y PSOE.

En principio va a ser que no; pero este es un singular país donde nunca se sabe cómo acabarán las cosas. Si llevamos haciendo todo lo que dice Alemania desde los últimos años de Zapatero hasta hoy, no hay razones de especial peso para pensar que no le imitemos también el curioso bipartito de adversarios que gobierna en Berlín desde hace una década.

El problema que ahora plantea aquí el imposible resultado de las últimas elecciones es muy similar al que se le presentó en el año 2005 a los políticos alemanes.

Ni la alianza de izquierdas, con sus 273 diputados, ni la de derechas, con sus 287, permitía las tradicionales mayorías gubernamentales basadas en la división entre babor y estribor. La original solución consistió en un pacto del partido conservador y el socialdemócrata, habitualmente rivales, para evitar la repetición de los comicios. Haciendo de tripas y escaños corazón, los adversarios elaboraron un programa común, además de repartirse a medias los ministerios bajo la presidencia de Merkel.

Se temió entonces que esta unión de los contrarios acabase por favorecer a los partidos antisistema; pero qué va. La Grosse Koalition funcionó de modo lo bastante razonable como para que el experimento se repitiese tras las elecciones del año 2013. Y ahí sigue en ejercicio el maxigobierno social-cristiano-demócrata dirigido por Merkel, que además de mandar en su país dicta las normas a seguir en el resto de Europa (salvo en el Reino Unido, que los ingleses siempre van por libre).

No ha de sorprender la larga duración de esa fórmula si se tiene en cuenta que las diferencias entre socialdemócratas y conservadores en Europa son de orden más bien anecdótico. Bien lo saben los británicos que, tras la experiencia de la conservadora Margaret Thatcher, eligieron al laborista Tony Blair, casi tan thatcherista como ella.

Incluso los partidos emergentes en España han percibido la similitud que, en esencia, caracteriza a los dos grandes partidos cuando -para zaherirlos- los agrupan bajo la sigla única del PPSOE. Hay, en efecto, una línea de continuidad que hace confluir por la parte del centro a las dos principales formaciones del centro-izquierda y el centro-derecha. Aquí y en Alemania.

Al igual que sucedió en Berlín hace una década, los resultados de las elecciones favorecen una Grosse Koalition a la que se ha apuntado ya, por la cuenta que le tiene, el candidato Mariano Rajoy. Los socialistas no están por la labor, salvo Felipe González y algún que otro dirigente de la vieja escuela que en su día ejercieron de socialdemócratas a la alemana y saben tanto por viejos como por diablos.

Poco futuro parece tener una Gran Coalición en la España que sigue planteando el binomio izquierda-derecha en términos trascendentales y casi fratricidas, como si aún viviésemos en los años treinta del pasado siglo.

Lo paradójico es que, queriéndolo o no, estemos gobernados ya por una Grosse Koalition bajo el mando de Merkel.

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