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Momentos

Singular

Con motivo del terremoto electoral los diarios salieron al día siguiente con titulares que pretendían resumir en una sola frase lo sucedido. Dos de los diarios madrileños de mayor tirada optaron por utilizar el singular, diciendo que "España tumba el bipartidismo" y "España deja en el aire su gobierno". Pero, que yo sepa, España no votó. Quienes lo hicieron fueron los ciudadanos; en concreto el 73,21% de quienes tenían derecho a elegir una de las papeletas -dos, si se cuenta el Senado- de los partidos en liza. Así que el sujeto singular de los titulares de ambos diarios era una entelequia. La misma que se suele utilizar primero como resumen y más tarde como instrumento. El resumen no deja de ser tramposo porque de los votantes que ejercieron su derecho más de la mitad de ellos optaron por uno de las dos formaciones que se han ido alternando en el gobierno durante toda esta etapa democrática que inauguramos con la Constitución vigente. Por los pelos; un 50,73% de ellos, pero suficientes como para que su suma descalifique la idea de que al protagonista singular -esa España enfática- se le puede atribuir la voluntad de dividir su voto entre más partidos.

Si colectivizamos el sujeto y hablamos de "los españoles" tampoco sirve la coartada. Porque los españoles no votan ni deciden en conjunto sino sumando uno a uno cada voto. Así que ni es España ni son los españoles quienes manifiestan la voluntad de terminar con el sistema actual de alternancia en el poder. Eso es lo que se interpreta tras echar las cuentas de cada voto acumulado y ver que el bipartidismo pierde fuerza. Hablar de España como sujeto -o de Cataluña, si se quiere- es la manera mejor que hay de sacar conclusiones que no se sustentan en el sistema de la democracia parlamentaria. Cada presidente de Gobierno o de autonomía suele declarar cuando toma posesión que será el "presidente de todos" pero tarda poco en cambiar el sentido de esa frase para ponerse a gobernar con arreglo a los intereses de quienes le han votado. La manera mejor de convertir semejante fraude en misión poco menos que histórica consiste en utilizar el sujeto singular de nuevo, pero ahora como herramienta justificativa diciendo, por ejemplo, que "Cataluña elige la independencia" o "España rechaza su división". Ni Cataluña ni España dicen o hacen nada; son los que acuden a las urnas quienes se manifiestan y, de ellos, hay una parte -todo lo importante que se quiera pero en absoluto idéntica al conjunto entero de los ciudadanos- que elige una determinada opción. Cuando oímos declarar al líder de un partido que "España exige un cambio" tenemos que plantearnos, para entender lo que nos está diciendo, si utiliza el singular como resumen o como herramienta. Porque, de momento, no son ésas las cuentas que salen pero la frase es redonda para ir sembrando el terreno de cara a las elecciones próximas, que igual las tenemos encima este año 2016.

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