Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El análisis

Predicar con el ejemplo

Por lo que vemos en el patio, no sabemos si entramos o salimos de campaña electoral, y sinceramente creo que estamos un poco cansados de oír las mismas monsergas de siempre, por parte de personas que en gran medida han sido responsables de estar donde estamos, con sus decisiones y actuaciones en los ámbitos en los que se circunscribían. En estos últimos años, se está reclamando a los docentes en activo que enseñen a los alumnos para que en esta situación de crisis y desempleo que se encuentran algunos millones de personas en España, les hagamos ver a los jóvenes, la realidad de lo que precisan para garantizar su futuro, teniendo que inculcar la idea casi a sangre y fuego, de una educación permanente, que se tengan que reinventar y que aprendan a buscarse nuevas formas de ingresos legales para su vida, como si ya el contemplar la situación trágica por la que están viviendo muchas de sus familias, no fuera ya un mérito suficiente el ver cómo sobreviven y suman días hasta que puedan atisbar una luz al final del túnel.

Sin embargo podemos contemplar, como muchas de las personas que tienen alguna responsabilidad en la dirección de los grupos humanos, bien sea en las empresas privadas o en cargos públicos que deben dirigir y organizar a trabajadores, comprobamos por desgracia, que muchos de ellos no están a la altura de las circunstancias, ni poniendo en práctica lo que predican por los cuatro costados sobre la necesidad de actualización de estrategias y aplicación de las nuevas tendencias directivas para adaptarse a las exigencias del siglo XXI, ni buscando soluciones reales a los problemas que surgen cada día, quedando todo en demagogia.

Ciertamente la sociedad ha evolucionado en estos últimos 20 años a unos pasos agigantados, y la realidad es que las personas para seguir trabajando debemos estar en formación continua, con los problemas lógicos de adaptación a las novedades, si además con ello nos supone algún tipo de sacrificio bien sea económico, o de más esfuerzo personal, teniendo que actualizarnos para no perder el tren del mundo laboral, porque los que vienen detrás pisan fuerte, y sus condiciones son mucho más bajas, que las que nos propusieron en el inicio. Lo que observamos es que ya nada está garantizado de por vida. Está claro que el nivel de vida que tuvimos hace años y las prestaciones sociales de calidad que disfrutamos, es manifiesto y notorio, que ya no volverán. Como escuché hace poco decir al Gran Wyoming hablando sobre la situación que les espera a nuestros hijos, en una entrevista que le hizo Iñaki Gabilondo, dijo lo siguiente: "es la primera vez en la historia, que las generaciones venideras, tendrán peor nivel de vida que las anteriores", lo lamentable de esa afirmación es que por triste y dura que nos parezca, es real y muy difícil de rebatir.

Caminamos por senderos con muchas incertidumbres en cuanto al terreno por el que pisamos y a los posibles destinos a los que podemos llegar, cierto?, cierto? hay muy poco y cada vez menos. Nos están haciendo dudar de lo que somos, de lo que hemos sido y peor aún de lo que nos depara el futuro para todos. Ya casi ni nos garantizan que con una buena preparación y cualificación, nuestros hijos puedan alcanzar unos sueños por lo que lucharon con ahínco desde su niñez, me olvidaba añadir, para irse fuera, porque aquí es casi imposible encontrar algo digno que les ayude a emanciparse.

En estos momentos se pide a nuestros hijos que tengan la mejor preparación para poder optar como becarios a cualquier puesto de trabajo, lo importante es trabajar, para poder poner en el currículum vitae en el apartado de experiencia laboral que está dispuesto a aceptar cualquier puesto que se le asigne, para demostrar que quiere trabajar.

En el ámbito laboral privado, dependemos de la voluntad individual de personas que muchas veces, sin la preparación y ética adecuada, toman decisiones y asignan puestos de trabajo a personas, no por su preparación, sino por ser hijo de quién es u otros aspectos subjetivos, que nada tienen que ver con la cualificación requerida.

Por supuesto que también tenemos que hablar de la otra cara necesaria como elemento indispensable para la realización del trabajo en el mundo privado, me refiero al empleador o empresario, en el que localizamos a multitud de personas, con más o menos ética profesional y con unos principios claros del fin que persigue una empresa, "ganar dinero" como es lógico, pero está claro que los fines no justifican los medios y menos cuando se cruzan las líneas marcadas por la ley y el sentido común.

Como señala Jacques Attali en su libro Breve historia del futuro: "Las fuerzas del mercado se han apoderado del planeta. Esta marcha triunfal del dinero, expresión última del triunfo del individualismo, explica la mayor parte de las sacudidas más recientes de la Historia". Da la sensación que somos consecuencia de maniobras orquestadas en la inmensidad de la economía mundial, que nada surge por casualidad, que todo está perfectamente organizado y milimetrado para que se produzcan situaciones puntuales extremas en cada uno de los países, nada es casual.

Denunciar un abuso no significa identificarse con posturas extremas y alarmantes, es de justicia, hay que recordar que hasta el propio Jesucristo lo proclamaba en el Nuevo Testamento y estoy seguro que si todos lo hiciéramos, probablemente acabaríamos con esta situación generalizada de impunidad en la que están quedando las personas que se han dedicado a ejercer el abuso laboral, amparándose en la tan cacareada crisis económica, utilizando la frase "si no lo coges tú, habrá otro que lo haga por menos".

Soy consciente de que en todos estos años hemos convivido con una crisis cruel, que ha afectado a todas las capas sociales de este país y al resto del mundo occidental, ese fenómeno no sólo nos ha hecho cambiar la forma de concebir la vida y el futuro de nuestros hijos, sino que también ha hecho importantes transformaciones en la forma de concebir la forma de trabajar, pues se ha implantado el miedo y sus nefastas consecuencias. Si antes se potenciaba en la empresa la fidelización del trabajador e identificación con la misión, visión del proyecto de la empresa, ahora los nuevos trabajadores tienen asumido e interiorizado la precariedad y transitoriedad en los trabajos, sin llegar a profundizar para compartir ningún proyecto de vida a largo plazo, pues dependen de las circunstancias que rodeen a la misma.

Se está produciendo un miedo generalizado en la sociedad, y eso no es bueno, una sociedad con miedo es una sociedad sin ilusión y sin futuro. Eduard Punset en su libro Viaje a la felicidad dice que "la felicidad es la ausencia de miedo o de dolor", ya no se busca un mundo feliz, simplemente se pretende que ningún ser humano jamás tengan que sufrir y pasar penalidades. Hace falta una verdadera catarsis de la sociedad para dejar de ver un futuro tan incierto, pues a estas alturas resulta complicado enseñar felicidad e ilusión, cuando a tu alrededor no ves más que miseria, que quieren adornar de transitoria, voluntaria y momentánea por parte de los que se han encargado de sentar las bases para que esto sea así.

Compartir el artículo

stats