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Desde mi isla

¡Tormenta o garúa!

Le preguntan a un majorero si llovió en Fuerteventura, a lo que contestó que no, que solo había caído una garúa. Como iba vestido de negro, volvieron a preguntarle por quién llevaba luto. Contestó: "Por mi suegra que se la llevó el barranco".

Tras una larga sequía de cambios, ideas y honestidad, se cierne sobre España una extensa nube negra, que todavía solo es un benigno y celestial depósito de agua, que barrunta en desembocar en una prolongada tormenta, a la que daremos la bienvenida si limpia los oscuros lamparones con que la ignorancia, corrupción, egoísmo, prebendas, etc, ha llenado la pobre piel de España. Difícil tarea, porque los lamparones, de seguir así, amenazan con ser una compacta y continua mancha de difícil extirpación. Y muchos de los que pudieran hacerlo no son aptos, porque ya son parte de la mancha.

La democracia puede ser un charco pútrido o un río de aguas claras. La experiencia ha demostrado que es más charco que río, lo que por negación nos permite afirmar que el agua que corre, se purifica. La democracia en España -lo repito- es una palabra casi maldita, que ha servido a intereses bastardos, muy alejados de la necesidad del pueblo. La democracia, forzada de la Transición, ha estado sumergida constantemente en el charco. Lo comprobamos examinando algunos prolegómenos de las últimas elecciones del 20 de diciembre, por cierto una fecha digna de un mal fario, de mente retorcida. Los partidos no tuvieron un tratamiento igualitario en el camino que les llevaba a las elecciones. Ya empezó mal cuando el debate a cuatro que propició el Grupo Atresmedia. Al menos Izquierda Unida y UPyD debieron estar en ese debate, por su situación parlamentaria de aquel momento. Luego vino el debate televisivo entre la derecha del PP y el centrismo del PSOE, donde quedaron fuera tanto partidos consolidados como emergentes. En esencia no hubo la igualdad de trato que exige una democracia limpia. Fue otro zarpazo del bipartidismo estatal, ocupando los mejores y más adelantados puestos de salida en la carrera de las urnas, con una TV que a lo largo de los años solo cambia de color y signo al socaire del partido gobernante. Demos las gracias a que existe la prensa diaria.

El paro y la corrupción, dos de los más graves problemas de España, no merecieron la atención debida y se pasearon, disimulademente, encerrados en la Caja de Pandora, que desde hace tiempo sirve a los dos partidos hegemónicos para encerrar una vorágine de temas de menor y mayor entidad. Pero la corrupción, que afecta al PP y al PSOE, rompió aguas cuando a Pedro Sánchez se le ocurrió llamar deshonesto a Rajoy y algunos de los espadas enlodados saltaron a la defensa de Rajoy, con palabras más ofensivas que las de Sánchez: macarra y chulo de barrio, entre otras, llenaron el aire con el tufo de la hipocresía, que ha hecho suya la divisa verbenera del ¡"tú mas!" Determinados jueces congelaron los ya maduros casos Gürtel, Púnica, preferentes, Bárcenas, Blesa, Rato, ERE y Formación de Andalucía... Y sin embargo, en un vergonzoso ejercicio de parcialidad jurídica, archivan el caso de Águeda Montelongo, diputada del PP vicepresidenta del Patronato de Turismo de Fuerteventura. La sentencia no logra encontrar un culpable (ni siquiera a quien devolvió el dinero malversado) y sostiene que pudo firmar las facturas irregulares sin conocer para qué eran. Entonces ¿para qué firma doña Águeda? ¿Es que la firma no genera responsabilidades por el cargo? Parece una broma, pero según los datos publicados, Águeda firmaba cerca de mil documentos al año, lo que significa que en 300 días de trabajo solo firma menos de cuatro documentos al día. Realmente, con ese bagaje de control, ¿se le puede pasar a alguien (incluidos analfabetos) facturas falsas? La similitud de este caso con el de Monago asusta.

Por diferente rasero pasó el caso de Victoria Rosell, a la que echaron los perros rabiosos del partidismo en plena campaña electoral por el asunto de su pareja, el periodista Carlos Sosa, que ¡mira por dónde! ha escrito un libro acusador contra el guanarteme Soria y ha dirimido lances jurídicos, con distintos resultados.

Señores, la justicia es un tema muy importante que necesita cambios. Lo que hoy tenemos no vale en una auténtica democracia. Los jueces no pueden ser aupados ni descabalgados siguiendo intereses políticos. Aquí los únicos intereses válidos son los de la Nación. El cambio en la justicia es urgente, esencial, y si es necesario debe recurrirse a referéndum, con listas abiertas para funcionarios independientes.

Difícil se presenta el futuro político de España. Las recientes elecciones demuestran que todavía estamos a merced del bipartidismo. De hecho, si PP y PSOE unen sus votos obtienen un gobierno absoluto. Hay muchas propuestas para discutir, muchas promesas para cumplir, algunas de ellas adelantadas cuando el PP ejercía su "dictadura democrática". Ley Mordaza, Ley Laboral, Educación, Aborto, Religión, Senado, Monarquía, modificación y referéndum para la Constitución forzada, reforma de la Administración, suprimir las prebendas acumuladas, la integración dulce de Cataluña, dañada por la mala gestión y escaso dialogo de unos y otros, etc. Muchos de estos temas necesitan tratarse con la presencia de enormes papeleras, capaces de absorber tantas irregularidades y desajustes.

Estamos ante un tablero que admite numerosas combinaciones y pocas distracciones, todo con dificultades de encaje. La situación la define Henri Bergson como enfrentamiento de la verdad y la materia. Cuando una sube la otra baja. ¿Será posible en plena época materialista-capitalista bergsoniana llegar al pacto de la verdad, que favorezca a los ciudadanos y no a los partidos y sus adláteres? ¿Será posible salir de una vez de esta democracia del pútrido charco? ¿Veremos la arrolladora y limpiadora tormenta o nos sumergiremos en la escasa esperanza de la garúa?

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