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La Iglesia y la Económica

La Diócesis de Canarias fue gobernada en el último tercio del siglo XVIII y a principio del siglo XIX por cinco obispos afines al movimiento de la Ilustración: Cervera, Herrera, Martínez de la Plaza, Tavira y Verdugo. Si revisamos los episcopologios españoles, Canarias fue la única que tuvo de modo consecutivo este número de prelados ilustrados. Llama la atención, la procedencia diversa de cada uno de ellos. Cervera, alicantino, era franciscano descalzo. Herrera, cántabro, monje cisterciense. Martínez de la Plaza, granadino, canónigo de Granada y cofundador de la Sociedad Económica de su provincia. Tavira, jienense, predicador de la Casa Real y Prior del convento de la Orden de Santiago de Uclés. Verdugo, nacido en Las Palmas, arcediano y miembro de la Rota. Todos fueron miembros de la Sociedad.

Fray Juan Bautista Cervera fue el fundador de la Real Sociedad de Gran Canaria. En el patio del obispado, leemos en una placa conmemortaiva la siguiente frase: "El obispo fray Juan Bautista Servera fundó, el 5 de febrero de 1776, en este Palacio Episcopal de la diócesis de Canarias, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, que cumple 225 años de vida ininterrumpida al servicio de la Isla, siendo la decana de las de Canarias. Lunes 5 de febrero de 2001". La Sociedad Económica de Gran Canaria sería la décima de las casi cien fundadas en España. El propio obispo Cervera fundó también las Sociedades Económicas de La Palma y de la Gomera, y apoyó la creada en Tenerife. En la junta gestora de 17 personas, que se había reunido con el obispo el día 4 de febrero, había seis canónigos de la catedral. El primer objetivo de la Sociedad era la promoción de la agricultura y de la industria en los pueblos. Luego se añadirían la enseñanza y otras iniciativas sociales, como la Asociación de señoras encargadas de pagar los salarios de las nodrizas de la Casa Cuna del Hospital de San Martín. Para llevar a cabo la promoción de la agricultura, se nombraron a tres canónigos y cuatro párrocos. Los centros de promoción eran Agüimes, Teror y sus confines, Arucas, Moya y Firgas, y Tejeda.

El obispo escribió una carta a todos los párrocos en la que considera esta tarea "punto doctrinal" y "servicio de Dios". El 25 de febrero de 1777 se reunieron en el Palacio Episcopal los 65 fundadores para aprobar los estatutos y elegir la junta directiva. Entre los asistentes había 24 eclesiásticos, a saber, el obispo, 14 canónigos y 9 sacerdotes. El primer director de la Económica de Gran Canaria fue don José Marcos Verdugo, canónigo arcediano, tío del que sería luego obispo de la diócesis, don Manuel Verdugo. Para el cargo de censor fue nombrado el canónigo José de Róo. Entre 1776 y 1808, hubo 222 socios, de los que 88 fueron eclesásticos: 6 obispos, 47 canónigos, 30 presbíteros y 5 religiosos. Entre los obispos, además de los cinco arriba mencionados, citamos a don Luis de la Encina, arcediano de la catedral y obispo de Arequipa, en Perú. Fue nombrado obispo en 1805 y falleció en 1816. Este año se cumple el bicentenario de su muerte. Sugiero a la actual directiva de la Sociedad Económica que programe entre sus actos un homenaje a este prelado, insigne ciudadano de Las Palmas de Gran Canaria y destacado miembro de la Real Sociedad.

Resumiendo, entre 1776 y 1900, la Real Sociedad tuvo 805 socios, entre los cuales hubo 125 eclesiásticos: 10 obispos, 65 canónigos, 45 presbíteros y 5 religiosos. Para finalizar, es justo destacar al historiador de Canarias y polígrafo don José de Viera y Clavijo, sacerdote y arcediano de Fuerteventura, que fue director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria desde 1790 hasta su muerte, acaecida en 1813. Realizó una labor encomiable. Adquirió la primera imprenta de Gran Canaria y publicó numerosas obras. En 1797 fue nombrado Gobernador Eclesiástico, en ausencia del recién nombrado obispo de Canarias don Manuel Verdugo. Escribió una carta al clero, indicándole que aceptase como parte de su ministerio la formación humana de sus feligreses, promocionando la agricultura y la industria.

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