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Cartas a Gregorio

Manuel Ojeda

Periodista

La memoria de los peces

Querido amigo, es sorprendente la poca memoria que tienen algunos a la hora de declarar ante un tribunal. Debe ser una especie de virus contagioso que afecta por igual a los cargos públicos y a la monarquía, a plebeyos y nobles, eso tiene de democrática la curiosa bacteria.

Se ha hablado mucho de la exigua memoria de los peces. La mayoría piensa que solo tienen una capacidad retentiva de treinta segundos, pero hay quien opina que pueden recordar las particularidades de su contexto hasta doce días después. Tampoco es tanto, considerando que algunos llegan a vivir hasta quince años, mientras que nosotros los humanos solemos recordar las cosas durante toda la vida.

Con esos datos en la mano, no parece muy lógico que alguien que esté en sus facultades normales pretenda convencernos de que no se acuerda de lo que ha hecho hace apenas unos meses o años aunque fuera importante.

Yo diría, más bien, que los olvidos convenientes son mentiras oportunas para intentar ocultar la verdad.

Decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pero de lo que te acuerdas, no parece que sea suficiente, ¿qué pasaría entonces si también te falla la memoria a la hora de hacer la declaración de la renta...?

Un juez te puede hacer jurar sobre la Biblia que vas a decir la verdad, pero resulta que la mentira está implícita en los fundamentos de la propia ley. Mira, si no, las permanentes contradicciones que existen entre el fiscal y el abogado defensor.

Me acuerdo ahora de cuando Lola Massieu, nuestra querida y recordada artista, tuvo que declarar como testigo en el juicio por el robo de obras de arte en su galería. A medida que transcurría el proceso, la artista iba escuchando lo que decían ambas partes, hasta que llegó su turno y el juez la llamó a declarar y, como es costumbre, le hizo prestar el consabido juramento: "Jura usted decir la verdad..." pero, para sorpresa de todos los asistentes, Lola contestó: "Sí, señoría, pero si también hacen lo mismo todos los demás..." Doña Lola, siempre genio y figura.

Dicen que las mentiras son una carga pesada que tienes que soportar, mientras que la verdad te libera por dura que pueda ser.

Carolina era una chica muy guapa y divertida. Sus amigas no paraban de criticar su estilo de vida y un buen día, harta ya de murmuraciones, fue y se sinceró con su marido contándole todas y cada una de sus infidelidades. Sus amigas alagaron su valentía pero yo, que la conocía bien, lo que me sorprendió fue su memoria...

De políticos y nobles ya no me creo nada, Gregorio. Todos pretenden tener la verdad de su parte, pero son pocos los que están de parte de la verdad.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes de la semana que viene.

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