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Perlas y paniaguados

T res esforzados luchadores por la emancipación de la colonia catalana han escrito un libro en el que acusan de "colaboracionismo con el régimen español" a varias decenas de catalanes (baleares también) que se han dedicado a "joder a su país por afinidad ideológica" o a cambio de "beneficios económicos".

Los autores de Perles catalanes se llaman Salvador Avià, Jordi Avià y Joan-Marc Passada. Y entre los traidores a Cataluña que señalan están, claro, Josep Pla y Eugenio D'Ors y, más próximos en el tiempo, Albert Boadella, Arcadi Espada y Félix de Azúa.

Y no incluyen también a Maruja Torres porque quizá no sepan que habla en castellano con la mujer de la limpieza. (Antes de hacerlo, me cuentan, cierran las ventanas para que no las oiga el vecindario.)

Para disimular que su intención es arremeter sólo contra las bestias negras del independentismo (la citada tríada De Azúa-Boadella-Espada, además de Rosa Regàs, Josep Borrell o Carme Chacón), los autores denuestan también al capitán negrero Joan Maristany o el colaboracionista nazi Robert Brasillach; pero está claro que el libelo va dirigido contra los primeros porque están vivos y hacen mucha pupa. (Lanzarlo contra los segundos no tiene mérito.)

Sin embargo, cuando llaman a Boadella "bufón que prefirió ponerse una correa en el cuello y pasar a ser el perrito del mandarín" se descalifican a sí mismos, ya que antes de aceptar la oferta de trabajo de Esperanza Aguirre (en todo caso, mandarina) el bufón se atrevió a mofarse del "molt honorable" rey del esquilmo, mientras el coro de cobistas de la cultura catalana (en catalán) le hacía la ola para cobrar subvención tras subvención.

Deberían darle las gracias, y, si no, al menos reconocer que tenía más razones para irse a trabajar a Madrid que sus detractores para privar a muchos catalanes del derecho a ser educados en una lengua cooficial y, después, de su nacionalidad.

En cuanto a De Azúa ("acorazado del nacionalismo y la seudoizquierda española"), no seré yo quien le pase por alto su sobrada con Ada Colau. (Acepto cualquier calificativo menos el de fascista; estúpido, por ejemplo.) Él solo se ha metido en ese jardín, dejando que se le calentara la boca o (en exceso) el cerebro.

Afortunadamente para el esteta y expoeta, los Avià i Passada no pudieron sumar ese reciente delito a los otros que le imputan. Y en verdad que lo necesitan, porque ellos tres y los que vendrán tienen una hercúlea tarea por delante: demostrar que la cultura catalana (en catalán) es superior a la cultura catalana (en castellano), y que quienes merecen figurar en los libros, por su aportación a la novela (pongo por caso) de los últimos cincuenta años, no son Marsé ni Mendoza ni Vila-Matas, sino el adepto (y ya difunto) escritor balear Baltasar Porcel. Lo que De Azúa llama un paniaguado.

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