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Arte

Juan de Miranda en Sevilla

Juan de Miranda es el pintor más preclaro en las islas afortunadas en el pasado, y con merecida fortuna crítica desde los inicios del siglo de las luces. Merecidos elogios le dedican don Agustín Millares Torres y don Sebastián Padrón, Tarquis, Carmen Fraga y Margarita Rodríguez, con inteligentes juicios a su buen hacer y estilo. Algunas modestas aportaciones añado de mi parte y alguna respuesta a su presencia más allá de las islas. De esto se hicieron eco don Agustín Millares Torres y don Sebastián Padrón a principios del siglo XX, dando por hecho su viaje a España, estancia en Sevilla y pinturas en las Américas. De hecho, esto nos parecía exagerado y halagador en exceso. Es cierto que fue notable su buen hacer y estilo, muy digno en la pintura de mediados del siglo XVIII. Olvidándose que nuestras islas en el siglo XVIII estaban muy animadas por el clima de la Ilustración que domina en Europa.

Teníamos a Viera y Clavijo, a Bernardo Iriarte y la Sociedad Económica de Amigos del País. Nada extraña que un pintor traspasara los límites de nuestras costas por el Atlántico de más fluido camino que los de tierra adentro. Juan de Miranda contribuyó al fervor de la Inmaculada que apoyó Carlos III en el lienzo bien conocido de la colección Rahn, en el Puerto de la Cruz. Así que estamos en buena sintonía con lo que "se cuece" en la Península, Inglaterra, Francia y América Latina.

Me disculpo por desviar la atención de lo fundamental de estas líneas. Aquí añadimos una nueva pintura al catálogo de nuestro pintor y, al mismo tiempo -y de no menor interés- dar fe de su presencia en la capital de Andalucía en el siglo XVIII. Sin pruebas tangibles hasta ahora, aunque de esto hablaban nuestros antiguos estudiosos.

De su presencia en América, pude probarla en la publicación de una Inmaculada, localizada en La Habana, con erróneo atribución a Juan de Roelas, en exposición de la Escuela Europea por el Instituto Nacional de Artes Plásticas en 1940, en la colección de don Tomás Díaz. Esto se publicó en la revista de El Museo Canario hace algunas décadas y con este propósito. Muchos años después, otra Inmaculada de la colección Montesino, en Valencia, amplió notablemente el radio de actividad de nuestro pintor en Levante.

Hace algunos años, tuve la ocasión de ver un lienzo de la Adoración de los Reyes Magos (Fig. 1) en el catálogo de la subasta de la Galería Fernando Durán el 12 de diciembre de 1995. Se trataba de un anónimo de escuela sevillana de los siglos XVII y XVIII. La cita decía textualmente: "Óleo sobre lienzo. Cuadro de buena factura y excelente composición de influencia flamenca. Aparecen los reyes con sus equipos de pajes y camellos entre arquitecturas, con la estrella de Belén al fondo. Medidas 64 x 95 cm".

Evidentemente poco tiene que ver aquí la influencia flamenca en una pintora neoclásica, a no ser por detalles comunes en la iconografía. Es comprensible la dificultad de la crítica en localizar una pintura tan al margen de los estudios generales. Pero no así para quienes hemos tenido la fortuna de estudiar y conocer sus obras en las Islas. No es difícil advertir las características típicas de este pintor tan fecundo aquí y más allá de sus fronteras. No fue una exageración verle en Madrid, Levante y Nueva España, como decían nuestras antiguas fuentes. Ahora materializamos su presencia en Sevilla. Es una fortuna poder añadir una obra a su catálogo, pero también y, al mismo tiempo probar su éxito en Sevilla, con la palpable constancia de una pintura en su suelo.

No solo repite el rostro encantador de la Virgen de todas sus pinturas y una técnica de exquisita maestría para probar su autoría. Afortunadamente contamos con una réplica que ayuda a la identificación propuesta. Es parte de la serie de la Infancia de Cristo de la colección de la Casa Castillo (Fig. 2), que dimos a conocer en el Anuario de Estudios Atlánticos de 1966 y recogen las monografías. A pesar de las reproducciones de escasa calidad, no es difícil reconocer la misma composición con escasas variantes: la mayor prestancia del rey Gaspar en el eje de la composición que nos ocupa en la colección sevillana, cuando la otra lo sitúa en semipenumbra a contraluz. El paisaje de la versión de Canarias se sustituye por las ruinas de un palacio y, el Niño levanta su manita bendiciendo, a diferencia de la otra versión, donde toca la cabeza del rey mago.

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