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Cada cosa en su sitio

La culpa y la propaganda

Jocoso y cansino es el empeño de la derecha en cargar a espaldas del PSOE la responsabilidad del bloqueo y de una tercera consulta electoral. Este ridículo chantaje denota la nula confianza de que goza Rajoy extramuros del PP y responde a la incomodidad de Ciudadanos al verse empujados al "sí" -como Cristo nos enseña-, archivando la tontuna de primero el "no" y después la abstención. Un partido puede arriesgarse a pactos transversales si lo entiende justo y necesario, pero si su libre designio es ratificarse como alternativa no hay argumento político, moral ni social que le obligue a lo contrario, digan lo quieran las viejas glorias. En toda esa presión se solapa la falta de coraje de Rajoy para gobernar en minoría.

El "no" socialista previene su absorción por la más numerosa derecha y garantiza en presente y futuro una alternativa de izquierda democrática distinta de Unidos podemos. Es la reflexión que deberían hacerse quienes se santiguan con un "vade retro" ante la eventualidad del poder podemita. La actitud de Sánchez responde a un acuerdo del comité federal y es preceptivo otro plenario para modificarla, sin excluir el compromiso de una consulta directa a la militancia. Tampoco hay que cegarse a la mayoría suficiente de los dos bloques de izquierda -al margen de opciones separatistas- si los de Albert Rivera se plantan en la abstención en cualquier supuesto, cosa que no harán. Pero está claro que de ellos depende en primer grado la salida del impasse.

Rajoy pugna por reubicarse en la zona de confort de la anterior legislatura. Si no lo consigue, la culpa es suya, no ajena. Y si no se arriesga a gobernar en minoría, como se ha visto con frecuencia en las democracia europeas, la apocalíptica -según él- caída en terceras elecciones también le señalará como responsable. Otras naciones libres han pasado por ello sin abismarse en daños letales. Las lecturas interesadas de la voluntad popular expresada en el voto son papel mojado, y muy tediosas las condenas para lavarse las manos. El pluralismo es el alma de la democracia, y cada partido administra a su albedrío los pactos que entiende oportunos en el trilema del sí, el no y la abstención. Ya está bien de enmascarar la propaganda con presuntos principios.

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