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Día Internacional de la Juventud

La juventud arcoíris

Existe la idea de que la juventud es fiesta, sexo, despreocupación, que vivimos en un mundo de fantasía, de arcoíris, y que no tenemos los pies en la tierra. A esto hay que añadirle estereotipos nuevos, como que somos ninis, personas que ni quieren trabajar ni quieren estudiar. Curiosamente quienes piensan esto son quienes viven en un mundo de fantasía, ser joven hoy es casi no tener opciones, es pensar el futuro con angustia, es tener más fácil encontrarse con un unicornio en un paseo por el parque que lograr emanciparnos.

La situación de la juventud hoy está enmarcada dentro de un triángulo que es una triple condena: precariedad, paro o exilio. Precariedad, porque sufrimos contratos con sueldos de miseria que nos mantienen en la pobreza y contratos temporales que tienen menos días de duración que letras tiene la palabra temporal. Paro, porque ni aun resignándonos a la precariedad existen trabajos para toda la juventud. Exilio, porque la falta de empleos en nuestra zona de vida nos expulsa a otros países y nos aleja de nuestra familia y amistades.

Podríamos resumir que los jóvenes de hoy vamos a ser la primera generación desde la transición que va a vivir peor que sus madres y/o padres pero ¿y si pensamos en la juventud LGTB? Comparen ¿cómo vivíamos ayer? ¿Cómo vivimos hoy? Creo que están pensando que hoy vivimos mejor que antes, que tenemos más derechos, más referentes en los que apoyarnos y admirar, más respeto en nuestras familias, amistades, en nuestros compañeros de clase o trabajo. En resumen, la situación se invierte. Somos una generación de maricas, bolleras, transexuales y bisexuales que vive mejor que la anterior generación. Vamos a contracorriente en esto de vivir peor.

¿Pero es así? Tenemos cantantes como Lady Gaga que hacen de la diversidad un valor positivo. Tenemos series como Orange Is the New Black que hablan de lesbianismo, bisexualidad y transexualidad. Tenemos hasta dibujos como Steven Universe que hablan de lo queer a los más jóvenes. Y no es solo en lo cultural, también en otros ámbitos como en la política estamos cada vez más presentes. Así que podríamos decir que sí, que vivimos mejor, pero estaríamos equivocados. Soportamos al igual que el resto la precariedad, el paro y el exilio. Padecemos al igual que el resto el no poder emanciparnos, no tener un proyecto de vida, no pensar en el futuro sin angustiarnos. Pero no lo sufrimos igual.

Los trabajos precarios hacen muy difícil que quienes trabajan defiendan sus derechos, los sueldos bajos, la amenaza de ir al paro, la temporalidad, pero si además eres LGTB esa inestabilidad te lleva a otros planteamientos. ¿Si muestro pluma cómo responderán? ¿Y si descubren que soy una persona transexual? ¿Lo digo? ¿Me muestro como soy? ¿Vale la pena para el poco tiempo que voy estar? Una indefensión que da vértigo.

El paro nos afecta con mayor dureza, las estadísticas lo dejan claro: las personas homosexuales sufrimos mayor tasa de desempleo y las personas transexuales aún más. Pero en el caso de las personas transexuales además tienen que aguantar, si aún no han pasado el agotador trámite legal para que su DNI ponga su nombre real y no el asignado al nacer, que se les nombre como consta su DNI y no por su nombre real. Añadimos sufrimiento a una experiencia ya lo suficientemente dura.

El exilio, ¿a qué países? ¿Lo han pensado? Si eres una persona LGTB irte a otro país puede ser una auténtica tortura. ¿Nos podemos casar? ¿Respetan nuestra diversidad? ¿Podemos mostrarnos con autenticidad sin que nos agredan verbal o físicamente? Buscar empleo en el extranjero nos puede obligar a encerrarnos otra vez en el armario, puede hacer inaccesibles nuestros tratamientos hormonales, puede transformar vivir en sobrevivir.

Ni en el gris panorama de nuestra generación, quienes miramos desde el arcoíris podemos sentirnos iguales, ya que por ser LGTB el odioso triángulo que aprisiona nuestro futuro es aún más inestable, desesperanzador y angustioso.

Por eso hay jóvenes que nos movilizamos desde el activismo LGTB, creemos aún en la necesidad del Orgullo y hacemos del Colectivo Gamá nuestra casa, porque si admitimos que el abismo no nos afecta a todos igual, reconocemos que no podemos resolverlo de la misma manera.

(*) Coordinador del grupo joven de Gamá, Juvenis

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