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El callejón del gato

El rincón de pensar del tórrido verano

Estos días de estío, desde el dolce far niente, son momentos propicios para reflexionar y filosofar sobre lo divino y lo humano.

Siempre he sido proclive a pensar que la inmensa mayoría de los problemas se solucionan desde la cultura y el conocimiento, pero craso error. La revolución francesa marco un antes y después de las relaciones políticas y sociales a nivel mundial, pero no todos fueron parabienes. El siglo XVIII arrancó con la creación de una burguesía basada en la familia como instrumento de poder y de estabilidad para una sociedad, cuando posteriormente con el romanticismo nos dimos cuenta de que difícilmente se puede empastar algo si no media el amor.

Toda esta larga introducción me lleva a la conclusión de que solo desde el equilibrio mental se pueden solucionar problemas. Es sorprendente ver cómo personas que consideramos ilustradas son incapaces de resolver problemas y mucho menos llegar a acuerdos que permitan a la sociedad avanzar en la buena dirección.

El equilibrio personal, a veces, es tan frágil que, prácticamente, es imposible abstraerse para que la lucidez mental sobrevuele la mediocridad que impera a sus anchas por doquier.

Hoy por hoy basta echar un vistazo a la vida parlamentaria para darse cuenta de las barbaridades que se dicen y lo que es peor, se hacen. ¿Cómo es posible que un diputado llame asesinó a otro o que amenace sin que a nadie le extrañe un ápice? Está tardando mucho la rehabilitación moral y social que este país necesita para salir del marasmo de despropósitos en que se encuentra inmersa desde hace más tiempo de lo que sería de desear.

Muchas voces desde los partidos políticos se alzan en reivindicar la tan cacareada regeneración, pero no se dan cuenta de que los ciudadanos al votar han dejado esa tarea en manos de la justicia. Una parte considerable de los votantes ven, entre otras cosas, que el sistema funciona, por lo que han valorado no confundir la parte con el todo ni lo principal con lo accesorio.

Más de uno de nuestros representantes evita anteponer los intereses de España a los suyos propios o a los del partido que, a veces, es una excusa para esconderse y decir cosas que ni se sienten ni se piensan.

Estos días en los que andamos a trancas y barrancas con la investidura, me atrevo o a decir que las seis condiciones que Rivera ha impuesto al PP ya estaban pactadas hace tiempo, y sólo se ha presentado una escenificación para que Mariano pueda imponer desde fuera lo que desde dentro no puede.

Los españoles no desean pagar la arrogancia de tantos y tantos que hacen el ridículo por no saber estar a la altura que de ellos se espera.

El conocimiento de nadie puede ir más allá de su experiencia.

Conviene no olvidar nunca qué finalmente lo que marca la diferencia no es lo que te ocurre, sino cómo reaccionas.

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