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Cien líneas

Pulpo

Cerca de cuatro millones de hectáreas, prácticamente la mitad de la tierra cultivable de Colombia, será entregada a la narcoguerrilla de acuerdo al proceso de paz que se remató días atrás. El negocio más sucio y peligroso del mundo queda asegurado para generaciones y se multiplicará por cifras casi imposibles de imaginar. La nueva Constitución, que no se podrá reformar -todo queda atado y bien atado- contempla un poder judicial extranjero para absolver a los terroristas y condenar, sin apelación, a los militares. Y así no sé cuántas barbaridades más. Con decir que el acuerdo se alcanzó en La Habana y haciendo de hombre bueno un criminal como Raúl Castro es suficiente para entender quién ha ganado por goleada y quién ha perdido ¡y lo que le espera al derrotado! El documento se rubricó con unos bolígrafos-bala, un agravio más a las decenas de miles de personas asesinadas por los narcoguerrilleros. Timochenko, un galeno instruido en la URSS, jefe de los bandidos, pronto se hará con todo el poder en Colombia. El dinero de la droga es de tal volumen que en un pispás se llevará por delante los escasos espacios sanos y libres que quedan tras la sentencia de ayer. Los tentáculos del temible pulpo los tenemos aquí desde hace demasiado tiempo. Y ahora con mucha más fuerza y poder porque la cabeza de la trama ha sido bendecida y va a operar con mil impunidades y facilidades. Da mucho miedo, especialmente porque a un lado y otro del Atlántico, la mayoría de la gente cree que se abre una etapa de esperanza. Ingenuos.

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